Algo que siempre me dijo mi madre cuando era pequeña era que habían situaciones y cosas en la vida que importaban mucho más que una cara bonita, el dinero y los lugares lujosos a los que pueda ir. Siempre me inculcó que la superficialidad mata al ser humano y potencia algo que nadie puede dejar de lado( al menos no un 100%) ; el ego.

Las apariencias y el bien económico se han apoderado de las sociedades modernas. Hoy en día, las “reglas” han ido modificándose y moldeado a que las personas no estimulan la mente, sino el físico.

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Hoy en día, una niña crece con muchos estereotipos equivocados de valores humanos y apariencias engañosas. Hoy en día, una pequeña se vuelve vulnerable cuando algunos otros deciden atacarla por cómo decidió vestirse o qué alimentos lleva para la lonchera del recreo.

Hoy en día, una niña no puede equivocarse porque sino es rápidamente la burla del resto. Pierde confianza y abandona lo que de repente es su pasión oculta. Las creencias y formas de comportarse que la sociedad quiere inculcarle a las niñas es totalmente errada.

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Una niña tiene que ir descubriendo quién quiere ser en su vida por su propia cuenta. Sin tanta presión social y pensamientos del “¿qué dirán?”, son abrumadores y confusos.

Hay que educar a las niñas de hoy a querer convertirse en mujeres valientes, independientes, fuertes y decididas.

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No hay que crearles dependencias de ningún tipo y tampoco limitarla a vivir una vida de encierro y reglas extremistas. Siempre hay que encontrar un punto medio en el que las niñas se puedan encontrar y enfrentar a la sociedad machista.

Hay que enseñarle a niñas de hoy a no crecer con el miedo de que otros las juzguen.

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Cada ser humano es “perfecto” a su manera. Todos tenemos defectos, pero también poseemos grandes virtudes, únicas, que pueden contribuir en esta sociedad de la mejor manera.

El propósito de la vida NO ES LA PERFECCIÓN, es tu “perfección” personal. ¡Recuérdenlo!

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Estas 23 dulces primaveras me han enseñado que hay que alimentar los grandes valores que tu familia te inculca y realmente prestarle a los detalles que te hacen ser como eres. Hay que tener la meta de ser mejor persona cada día. Y sí, vivir en un mundo donde las superficialidades no sean parte de tu día a día, porque te carcomen y crean un yo que existe solamente por los demás y no por ti mismo.

¡A reflexionar!