El mundo moderno cultiva en las mujeres algunos roles que no son nada más que estereotipos: “business woman“, ”chica mala“, “una rubia”. Pero cada mujer es única en su naturaleza y no se parece ni encaja en ningún estereotipo. Precisamente de esto habla en su libro la psicóloga Yulia Sviyash.

Genial.guru publica 10 mandamientos que tal vez cambien tu vida y tu percepción de ti misma.

No persigue la felicidad

Una mujer verdadera no persigue nada. Perseguir la felicidad es el deporte más popular y el más tonto. Todos corremos hacia algún lado. Buscando un mejor futuro, el día de mañana, el próximo año, etc. Una verdadera mujer no debería ocuparse de este tipo de "deporte". Nada por la vida siempre permaneciendo en el día de hoy.

El presente es lo más interesante y lo más importante de lo que ocupa su mente

Por supuesto, tiene planes a futuro pero no aplaza la vida para mañana. No espera que su verdadera vida empiece cuando baje de peso, cuando aparezca el príncipe en un caballo blanco, cuando las circunstancias sean las adecuadas, etc. Vive aquí y ahora.

Ser una verdadera mujer es un gran privilegio, y lo entiende

Con emoción percibe el hecho de que haya nacido mujer y ve un valor especial en esto. Para ella, ser una mujer no es una prueba, no es una labor ni tampoco una cruz que debe llevar toda la vida. Es un regalo y una bendición del destino. Una verdadera mujer cultiva en sí la feminidad en todos los niveles: interno (sensaciones, sentimientos, pensamientos) y externo (ropa, cuerpo, conducta).

Vive a su ritmo

Cuando vives demasiado despacio, no tienes la sensación de qué es la vida. Cuando vives demasiado rápido, no te da tiempo de sentir la vida. Cada una vive a su ritmo. Una verdadera mujer lo sabe bien, siente el ritmo y vive de acuerdo a él. Regula sus cargas y, de esta forma, le impone el ritmo a las circunstancias que la rodean.

Vive de tal forma que pueda hacer lo que quiera sin perder el gusto por la vida. En sus actos lo más importante no es la cantidad de movimientos realizados en un lapso de tiempo, sino la precisión de cálculos y la percepción de qué está haciendo y por qué.

Siempre se pone en primer lugar

Esto no significa que sea egoísta, indiferente o cínica. Simplemente sabe que detrás del deseo exagerado de ocuparse de las demás personas se oculta el miedo de vivir la vida propia. Una verdadera mujerse siente interesada en su vida. Nunca pierde el sentimiento del valor de su espacio personal. Sin embargo, al mismo tiempo, es capaz de dar apoyo moral, ayuda y participación en la vida de otras personas.

No dice “sí“ si su corazón dice que ”no". Y siempre se escucha a sí misma y confía en sus sentimientos.

No necesita la opinión pública

En la infancia nos importa la opinión de nuestros padres, maestros, vecinos, familiares, amigos y compañeros. Y algunas personas durante toda su vida intentan no defraudarlos. A una verdadera mujer la opinión pública no le importa en absoluto. Que otras mujeres se cataloguen según su estado civil: casada o soltera, normal o anormal, etc.

Vive con sus propias ideas de la vida, las inventa y las hace realidad. Y si no se parecen a los estándares de vida de otras personas, le importa un pepino. Deja que los demás la evalúen y la juzguen como les plazca, porque sabe que la misión "gustarles a todos" es tonta e imposible.

Una verdadera mujer trabaja en sí misma pero nunca lo hace para merecer la aprobación de alguien. Lo hace por amor a sí misma.

Es mucho más que una "niña buena"

“Una niña buena“ es la creación de los padres. Tiene una tarea: gustarles a los demás y que la aprueben. Gustarles incluso cuando sus propios deseos están en contra de eso. ”Una niña buena“ vive según el principio “debo” o ”no debo“. Muy pocas veces se pregunta qué quiere en realidad. Una verdadera mujer dejó de ser ”una niña buena" y también dejó en el pasado su deseo de ser aceptada y aprobada. Esto no significa que le da igual cómo la evalúen. Simplemente no le demuestra nada a nadie, mucho menos cuando esto la perjudica.

No se obsesiona con sus rasgos que se consideran defectos (¿quién no los tiene?). Los ve pero no hace drama de eso. No los oculta pero tampoco los presume.

No juega el drama "¡Qué complicada es mi vida!"

Al verla, nunca pensarías que esté agotada. Trabaja día y noche, lava, limpia, mima a su marido y a sus hijos. Nunca pensarías que está cansada remodelando su casa. Incluso cuando de verdad tiene mucha carga de trabajo, una verdadera mujer encuentra tiempo para recomponer sus fuerzas y cuidar de sí misma.

Nunca jugará a ser una víctima porque sabe que las circunstancias no son tan difíciles como nuestra actitud hacia ellas.

La soledad para ella es un regalo

Una verdadera mujer valora y aprecia sus períodos de soledad, si es que existen. No busca involucrar en su vida a amigos casuales u hombres con tal de no estar sola. Estar sola es una bendición. Es el mejor tiempo para recuperarse, llenar su vida de tranquilidad y profundidad. Una verdadera mujer es interesante por lo que es y goza de su soledad.

Ama su edad. ¡Siempre!

Una verdadera mujer vive en su presente, en su edad real aprovechando todas sus ventajas. No se refiere a sí misma como “a esta edad ya es demasiado tarde“ o ”demasiado temprano" para hacer algo. Esta filosofía es para aquellos que usan sus miedos para ocultar sus miedos o prohibiciones internas.

Una verdadera mujer puede hacerlo todo y a cualquier edad. Por lo tanto, nunca se sentirá arrepentida de no haber alcanzado a hacer algo. Esto no significa que no se cuida o no busca lucir bien. Simplemente no exagera con sus intentos de lucir más joven de lo que es y no quiere parecerse a lo que era hace 20 años. Ella sabe: cada edad tiene su belleza, su sensualidad y encanto.

Material de: Yulia Sviyash