Suena extraño leer un titulo de tal magnitud viviendo en un siglo donde la mujer es muy independiente, donde es empoderada, donde trabaja y logra cosas por ella misma; estabilidad,  felicidad, plenitud. ¿Pero qué ocurre con ese porcentaje de mujeres que dependen de otras personas?

En realidad me refiero al lado más sentimental; hace poco una persona muy allegada me afirmó en una conversación que tuvimos: “no sé cómo decirlo sin que te molestes pero… me he dado cuenta de que eres muy dependiente, de que necesitas que constantemente te digan que te quieren”. Y la verdad SÍ SOY DEPENDIENTE, en el plano afectivo sobre todo.

A mi corta edad he vivido sola, me he mantenido por mi cuenta, trabajo por mí y solamente para mí, pero después de salir de una relación tan absorbente de años, es difícil seguir cada día como si nada, como si nadie, como si nunca. Una lucha constante conmigo misma por seguir “bien” ante una sociedad que simplemente no desea saber qué ocurre para no tener que preocuparse.

La finalidad de mis palabras es plantear cuál es el verdadero problema si es que soy dependiente. Sí, me gusta sentirme querida, que me abracen, que se preocupen por mí y no por eso estoy degradándome como persona. Me gusta la compañía de alguien, seguir soñando con el príncipe azul y todas esos cuentos de hadas, incluso soy feliz dando mi cariño a un ser peludo de 4 patas. Ser dependiente no significa que debes dejar de ser tú misma, dejar tus gustos, sueños o anhelos.