Somos seres acostumbrados a planificar cada paso que damos en la vida. Construimos metas y proyectos que nos permitan alcanzar nuestros sueños. Algunos resultan y otros no, y es en esos momentos en los que creemos que quizá no estamos listos o jamás tendremos lo que no anhelamos. Sin embargo, por más que sufrimos, aprendemos un sinfín de cosas.

1. Gira hacia otra dirección

Intenta de otra forma. Cambia de rumbo. Inspírate y prueba cosas nuevas. Quizá esa sea la forma adecuada y tú tienes demasiado miedo de intentarlo. No lo tengas.

2. A veces es mejor concentrarte más en el ahora

A veces es mejor dejar de planificar tanto y enfocarte en el presente que tienes frente a ti, si no, te lo perderás.

3. Valoras más a tus seres queridos

A quienes te apoyan y motivan a seguir adelante. Ellos son quienes valen la pena y no deberías desquitarte con ellos cuando las cosas no resulten como esperas. Serán fundamentales siempre.

4. Algunas personas se marchan de tu lado

Algunos dejarán de creer en ti o tú mismo te darás cuenta de que no valen la pena para estar a tu lado.

5. Probablemente no era lo que necesitabas

O lo que te hacía bien. O quizá necesitabas hacer algo más antes de obtener eso que querías. A veces la vida nos da señales y nos cierra puertas para guiarnos por el camino a nuestra felicidad. Que hayas fallado ahora no significa que jamás obtendrás lo que quieres.

6. Te harás más fuerte

Y una mejor persona. Sabrás qué es lo que quieres, qué es lo que necesitas y aprenderás a planificar mejor las cosas, sin tantas expectativas y siendo más consciente de que quizá puedes fallar. Pero fallar no siempre es tan malo, eso lo sabes.