Me envolví en esa historia que me contaron un día no muy lejano, que aquel que se fue no vuelve, aunque regrese y baje el cielo. Seguro que a ti también te la han contado, y hoy yo la recuerdo al ver esta frase, recuerdo las veces que se marchó y las veces que regresó, y cuando estaba no era lo mismo, su mundo había cambiado, en él estaba yo, siempre estuve y siempre estaría, aunque el hilo que nos unió esa navidad, se rompiera años después, y jamas las navidades volvieran a ser las mismas, pero uno aprende; y yo aprendí a ser independiente.

Recuerdo las veces que regreso, pero ya era tarde, estaba dormida, y con ojos hinchados, no era igual, nunca más fue igual, porque alguien más llenaba su mundo, ese mundo en el que un día no muy lejano, estaba yo, es cierto “nunca vuelve quien se fue, aunque regrese”, aún regresando una o dos veces, ya no importaba. Intenté retenerlo con caricias y abrazos, pero no estaba, nunca estaba.

El tiempo caminaba a un paso desesperado tratando de llegar, hoy miro hacia atrás, y en mis memorias veo la niña que correteaba en aquel patio, decidida a estirar los veranos para verlos renacer en ese color intenso, decidida a esperar las tardes para tenerlo en sus brazos, decidida a nunca soltarlo, pero se fue, regresó y no era igual. Ya no soy la niña que lo amaba con locura, y ya no estábamos en ese tiempo, él había cambiado, quizás nunca cambió y mi amor era el mismo congelado en el tiempo, le reproché mil veces, lo juzgué mil veces, intenté no verle hacer sus maletas, y a pesar de aquel día partirme la vida, nunca dejé de amarlo.