No me gustan las menciones y/o etiquetas que usualmente se hacen hacia las mujeres cuando no responden a ciertos estándares de belleza impuestos por la sociedad, a veces villana y cruel. Te hace sentir como que no correspondes a un determinado círculo por no obtener la talla estándar o “ideal”. Muchas veces, sólo usan la cruel e hiriente palabra de 5 letras; GORDA, por la cual muchas personas sufren y llegan a niveles hasta mortales. 

Y yo he sido una de las que ha sufrido esas dolorosas consecuencias, muchas veces me han dicho: “¡wow qué gorda estás!”. Mi respuesta a su afirmación es: ¿y qué? Porque la única que tiene que vivir con talla XXL soy yo, aunque soy sólo un L, pero para algunas personas eso es ser bastante rellenita.

¿Qué nos pasa? Sí, entiendo ese discurso de la cuestión de salud, pero a mi perspectiva, ser una talla L es ser alguien que decide aceptarse, disfrutar de cómo es, que no hace caso a los cánones de belleza y que vive su vida a su manera y no muriendo en el intento de ser “una flaca” que quizás nunca logre. Aunque me cuide soy de complexión grande y no lucho contra ello, me acepté después de un tiempo de sufrimiento y me acepto hoy.

Prefiero ser la que tú llamas gorda, pero feliz. Porque me acepto, me amo y no peleo con la naturaleza. Prefiero ser “imperfecta” y completa que un icono de belleza pero carente de empatía y amor. Así que aquí tendrás el desagrado de verme ante ti, gordita y feliz.