He vuelto a escribirte, lo has visto y has decidido no responderme, lo entiendo, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. Entiendo que quieras dar vuelta la página, pero siento decirte que yo no puedo, aún no hemos resuelto los problemas, esos de los que no creo hablemos porque te has propuesto evitarme.

Sinceramente no te entiendo, un día me quieres, dices que me tienes mucho aprecio, pero al día siguiente no sé ni quién eres, no me respondes con la misma rapidez de antes, ya no me dices cosas bonitas ni tampoco me dices que me quieres.

Has echo todo aquello que dijiste que no harías, has roto todos los esquemas, todas esas promesas, todos esos planes que un día hicimos se han ido con tus palabras.

Llegué a creerte y, ¿sabes por qué? pues porque te vi diferente, me hiciste saber que no eras como los demás, me dijiste que tú sí sabías cómo tratar a una mujer, a una buena mujer. Pero como siempre pasa, tus actos no se correspondieron con tus palabras. 

Una vez más me vuelvo a sentir engañada, manipulada, con una tristeza que no me corresponde porque lo que más brillaba en mí era mi sonrisa, pero tú me la arrebataste con cada beso, con cada promesa, con cada mirada que me sacaba hasta los colores. Me has hecho sentir que sólo fui un juego para ti, que sólo fui un amor pasajero, de esos que cuando menos te lo esperas te atormentan y te hacen tambalear.

Aunque yo no lo quiera, siempre serás mi mayor debilidad, porque contigo aprendí, aprendí a amar a alguien de verdad, aprendí que en un segundo se puede hacer feliz a la persona que quieres con tan sólo mirarla, porque como dicen por ahí, los ojos son el espejo del alma, y en cada mirada sentía que sabía cada vez un poquito más sobre ti. Desilusión la mía cuando me quité la venda de los ojos y vi que no eras todo eso que decías ser ni tampoco hacías todo aquello que decías hacer.