Siempre pensé que su salida de mi vida iba a ser un suceso traumático. Así lo hice, así lo mentalicé. Poniendo horarios, trabas, ignorando sus aportes durante tres largos años, donde quise establecer ante él que la madre soy yo y dispongo. Ignorando sus decisiones porque él no me quiso a mí, e interponiendo, aunque no sentía amor por él, la carga de resarcirme, a través del niño, todas sus ausencias, sus desplantes, sus fallas… Porque a mi hijo no iba a permitirle eso. Él hizo lo que quiso conmigo, pero CON EL NIÑO JAMÁS. Lo tendría qué buscar cuando yo quisiera, traerlo cuando yo dijera, no sacarlo de la ciudad, informarme de cada paso con él… Porque es MI HIJO. Y punto.

Qué equivocada estaba. El padre de mi hijo me rompió el corazón, yo le rompía el corazón a él, desligándolo como podía del niño, teniéndolo a mi lado absolutamente todo el tiempo, así pasase sus horas aburrido, y el papá pidiendo poder llevarlo al parque. Y disfrutaba desplantándolo así. Esperando que le doliera como a mí me dolió que él no quisiera estar a mi lado.

Sin embargo, a pesar de todo ello, durante estos años, yo me sentía tranquila cuando él tenía al niño a ratos, no teniendo yo confianza en más nadie que en él, usando el tiempo para mejorar mi vida, limpiar, salir a pasear, tener una vida, trabajar. E igual sabiéndolo, seguía estorbando. Pasaba mis horas pendiente del reloj, lo hacía traérmelo a cualquier hora, de improviso, pendiente del teléfono en largas charlas donde me dedicaba a distraerlo de su tiempo con él, buscando conflictos, amenazándolo con no permitir más salidas porque no me cumplía.

Le exigía la manutención por verlo, le reclamaba, llegué a su casa a quitárselo en una ocasión en la que no me respondió el teléfono. Y ni siquiera estaba siendo tan vil como lo son muchas mujeres que conozco. Y con eso le amenacé. Con ejercitar acciones, dada mi vasta experiencia judicial en materia de familia.

Y una mañana me encontré a una mujer que para mí era el ejemplo de cómo dañar al padre de sus hijos a través de estos mecanismos. Se encontraba acabada, maltrecha, y con un brillo en los ojos, diciéndome que volvió a renovar su medida, que el carro de su ex se volvió nada en el depósito judicial, que estaba en 4 ladrillos, le sacaron todo y que tenía varios años sin ver a sus hijos y ellos se habían olvidado del papá.

No tuvo más pareja, que sus hijos eran su vida, que era horrible, demasiado para ella, estar a cargo de todo, a cargo de las demandas, pero que él la hirió y se lo estaba haciendo pagar a ése ser, que ella no podía con sus chamos, pero que NO LE IBA A DAR EL GUSTO DE VERLO TRANQUILO, porque de ella no se iba a olvidar…

Y le pregunté si ella lo había olvidado a él. Me dijo que sí. Pero que no iba a descansar hasta no arruinarlo como él la arruinó a ella. Lo que YO sentía al respecto del padre de mi hijo.

Casualmente salí a buscar al niño a la escuela y me accidenté en el auto. ¿A quién acudir? Botada en la calle, el niño en la escuela, y por primera vez en años, su padre fue la primera opción. Lo llamé. Y muy dispuesto, me dijo que no me preocupara, que resolviera, que el buscaba al niño, le daría de comer, lo bañaría, lo llevaría a terapia, se le oyó la alegría, y de una vez pensé que era porque me había quedado botada y sin auto. Pero por algo no le dije nada.

El daño era un problema de la alarma y lo llamé diciendo que no fuese a recogerlo. Que yo lo buscaba porque él no iba a ser de ayuda. A lo que me respondió que quería estar con el niño si yo dejaba, que él no tenía problema. Que resolviera yo primero y que qué iba a hacer yo sin almuerzo, el ya lo tenía listo, que se llevaba al niño, que se lo dejara…

Llegué a mi casa molesta, rabiosa, enojada, pensando que él “hizo conmigo lo que quiso otra vez” pero simplemente me tumbé a llorar, porque él no tenía más derecho que yo, él me quiere quitar al niño, mi hijo es mío, no de él, hasta que me dormí por primera vez en años, en la tarde…

Quizás ese descanso fue la epifanía… A ÉL LE IMPORTA MI HIJO TANTO COMO YO, YO NO SOY LA MUJER MARAVILLA, YO NO PUEDO CON TODO ESTO SOLA.

Y esa noche llegó temeroso a dejar al niño. Y me senté a hablar con él. Hicimos un acuerdo. Un acuerdo donde me di cuenta de que no iba a dejarme la vida como esa señora que conozco. No podía romperle más el corazón a mi hijo, que ama, imita, quiere a su padre… ¿Quién era yo para cobrarme el fracaso nuestro con mi hijo? Y di apertura, con bastante miedo, a esta etapa de mi vida. La etapa del amor, de dejar atrás el pasado, de pensar que la paternidad no es una cuestión de quién manda más, de enjuagarse el corazón roto haciendo pagar al padre sus desmanes y errores frente a mí, haciendo que le duela la ausencia de nuestro hijo… Porque yo no era capaz de decirle adiós a ese hombre, aceptar que no iba a estar para mí, decirle adiós a la venganza, a la sed de que me pagara las heridas que yo sola puedo curar… Y acomodé mi vida sin esos sentimientos.

Él en lo sucedivo se encargaría del colegio y las terapias. Le daría almuerzo. La pernocta es opcional. Si debo trabajar, que lo tenga. Si el debe irse a trabajar, lo tengo yo, los dos trabajamos en horario flexible, ajustamos eso al niño. Pero también, ambos necesitamos tiempo para trabajar, vivir y buscar lo mejor para nosotros mismos y el niño… Sin resentimiento.

TOTAL, SÓLO SE APRENDE A SER PADRE ESTANDO AL LADO DE SU HIJO, VER QUE GASTA PAÑALES, QUE COME, QUE BEBE, QUE SE VISTE, QUE PIDE TIEMPO, COSAS, QUE ES UN SER QUE NECESITA PRESENCIA MORAL, EDUCATIVA Y ESPIRITUAL… Cosas que el padre veía parcialmente gracias a mi actitud desplazadora, exigente, de “yo me encargo” cosas que sinceramente, hacían hasta del más mínimo pedimento de dinero, una batalla campal donde le exigía hasta que desapareciera de nuestras vidas. Simplemente YO NO LO DEJABA ENTENDER. 

Hoy por hoy el tono desapareció de nuestras vidas. Se lleva de viaje al niño, ha avanzado tanto que de 6 terapias semanales, ahora tiene 2. Lo lleva al parque, a piscina, a paseo con sus primos, y yo ya no me siento aletargada entre horarios, deberes, trabajos, entre los cuales se contaba amargarle la vida al hombre que me dio a mi hijo.

Mi hijo es nuestro… Y él necesita de ambos… Y ha demostrado que sólo bastaba MI CONFIANZA en su labor para que fuese consciente. Total, a mí nadie me estuvo enseñando a criarlo estos años. Y hasta admito, que pasé de lamentarme del padre que le dí a mi hijo, a decir QUÉ PADRE SE GASTA MI HIJO. Le compra ropa, lo disfraza, juegan, y los mensajes. Pasaron de “USTED NO CREE QUE ES HORA DE COMPRAR MAS PAÑALES?! ¡IRRESPONSABLE! ¡ME QUEDAN 6!” a “Hola vivi, a mí me quedan seis pañales. Mañana busco para los dos, me imagino cómo andará usted.”

Y la vida que tuvimos… se volvió un mejor lugar para los tres…