Cada vez que sabes que le vas a romper el corazón a una persona, tratas de buscar la mejor forma de decírselo o de hacerlo, pero pareciera que no te dieras cuenta de que no importa cómo lo digas, el resultado siempre va a ser el mismo. Siempre estás tramando y pensando lo que será, lo que pasó, lo que debes hacer y lo que no…

Realmente pasas mucho tiempo planeando una estrategia digna de un publicista para caer bien parado, tanto tú, como la otra persona. ¿Pero te has puesto a pensar qué pasa por la cabeza del otro? ¿Realmente le estás rompiendo el corazón?

Cuando estás hablando de un estado de ánimo lo primero que viene a tu mente es “el corazón” y lo último que piensas es en el sistema digestivo; pero aunque no lo creas el estrés, la tristeza, la preocupación o alguna otra emoción presenta una relación directa con el funcionamiento del sistema digestivo.

Entonces, quizás la otra persona en ese momento exacto que le estás “rompiendo el corazón” no esté pensando nada, pero lo que sí es seguro es que todas las emociones las está sintiendo en su estómago. Como dijimos, y como bien sabemos, cuando estamos nerviosos, ansiosos, estresados o en alguna situación límite lo primero que actúa en nuestro cuerpo es nuestro interior ¿verdad? ¿No te ha pasado? Eso explica por qué al terminar con alguien tendemos a dejar de comer o simplemente a comer en exceso.

Y para ti, el o la rompe corazones que está suelto… al menos ya sabes exactamente a que órgano le estás dando en realidad. Bueno, al estómago y obviamente a la cabeza, donde nacen todos esos pensamientos que de un inicio nos llevaron hacia esa persona.

Y no sigas gastando tiempo en encontrar la manera menos dolorosa de herir a alguien, es un poco ilógico ¿no? No tiene nada de malo romper un corazón, uno no lo busca (al menos creamos eso), pero a fin de cuentas hagas lo que hagas el resultado y dolor será el mismo. Así que como dicen que hagas al sacarte las curitas, mejor hacerlo rápido y de una sola vez, sino el dolor dura más y es más fuerte.