A veces creo que me he equivocado. Contigo, conmigo, con todo. Pero tengo un plan. Verás, podría arrancarme la razón y dejarme llevar. Podría desconectar los cables invisibles que me unen las ganas al cerebro y mandarlo todo a la mierda. ¿Suena bien, verdad? Así podría quererte a ti, que tampoco estaría mal. También podría fingir un arrebato de sinceridad y tender mis heridas al sol.

O plantarte un beso en la nariz. Y no pasaría nada.

Podría encerrar los malos recuerdos en una maleta y abandonarla en una estación. Y decirle a esa piedra en el zapato que estoy harta, que nuestra historia acaba aquí. Podría reconocer que me hicieron daño. Podría gritarlo hasta quedar sin aliento. Y chillar como una loca cuando suene mi canción favorita en la radio. Aunque vaya sola en el coche. Podría…

Podría vomitar lo que pienso sin que me aplastase la conciencia. Y no pasaría nada. Podría adelantar a todos y trepar hasta la cima sin despeinarme. Podría reírme de mis enemigos; eso sí, con elegancia. O echar una partida de ajedrez con mi lado oscuro. Podría sumergirme en la rabia y estallar…y no pasaría nada. Podría convertirme en pirata y saquear mis miedos. Sí, eso estaría muy bien.

Podría hacerle un corte de mangas a la resaca. Podría descalzar la rutina que te ahoga e inventar un camino sólo para tus pies. Podría colarme en tu piel y bailar hasta el amanecer. O hacerle cosquillas al destino y vibrar con tus carcajadas. Podría ser invencible.

Podría dejarme llevar, sí. Suena bien. Y no pasaría nada.