Hace mucho tiempo he estado conectada con una persona que me movió el piso por muchísimos años, aquel que en mi ignorancia había pensado que me había “enamorado” con su encantadora voz y sonrisa. Estuve unida a él durante más tiempo del que quise admitir y permitir. Nunca supe qué era aquello que nos unía, y por mucho tiempo pensé que era un amor prohibido, o el llamado hilo rojo, que une a las personas sin importar el tiempo en el que hayan estado separadas.

Estuve convencida de que siempre acabaría con él, sin importar a quien besara, o tocara, nadie se compararía con lo que él me había enseñado y me había hecho sentir. Un día tras más de 6 meses de no habernos encontrado para más que conversar, nos encontramos en mi casa, estaba muy emocionada por lo que ocurriría y me convencí a mi misma de que quizás esta vez era la definitiva, e iba a provocar tanto en él que jamás desearía marcharse como las veces anteriores. 

Desde el momento en que estábamos solos los dos en el sofá de mi casa, algo cambió. Ya no sentía esas mariposas al verlo, ya no me provocaba querer abrazarlo siempre y sobre todo, ya no necesitaba con tanta necesidad sus besos, pensé que quizás ya en el transcurso de la tarde esos sentimientos se irían, que lo necesitaría tanto como las otras veces.

Después de que el estuviera en mi cama, entendí que nunca fui aquella que él anhelaba, solo era la que él sabía que tendría ahí el tiempo que fuese, me enteré de que me había utilizado todo este tiempo. Que para él era mejor una persona como yo; que solo besa cuando le place y se marcha sin ningún sentimiento de arrepentimiento. 

Por mucho tiempo lo culpé de todo. Lo culpé de mi sufrimiento, de no quedarse cuando yo lo necesitaba, de su maldita indiferencia, de todo aquello que me hizo mal. Pero me di cuenta de que éramos lo mismo, que así como él me había utilizado, yo lo hacía también. 

Rellenaba aquel vacío que sentía, me daba todo y sin ningún compromiso; y siempre que necesitaba algo más, un día inolvidable sin ningún corazón roto el día siguiente; sabía a la perfección que él me daría lo que le pidiese viceversa. 

Pensé que quizás algún día el universo o el destino, nos uniría, porque tanto habíamos compartido en una tarde juntos, que sería imposible no enamorarnos del otro. Pero me di cuenta que mi vida no es una película que termina con una pareja feliz, porque no es así.

Te das cuenta de que has sido utilizada tantas veces por la misma persona, que hasta te avergüenzas contigo misma, más al darte cuenta que lo has utilizado de la misma forma. Todo esto empezó tan solo un día, en que nos dejamos utilizar, y hasta ahora me doy cuenta de todo los errores que cometimos. 

Ahora entiendo, que esto no es amor, esto es jugar, utilizarse, que al fin y al cabo no termina bien.