Hoy, hoy es de esos días que necesito escribir y contar… Estoy algo loca, lo sé, me lo han dicho tantas veces que creérmelo no ha sido difícil, me he convencido de eso tanto como de que mi suerte vale lo mismo que vale mi cuerpo, que a decir no es nada, nada más que unos cuantos huesos, una fachada cualquiera que no merece ni un simple beso.

Confieso, que tengo esa constante necesidad de lastimarme por miedo a que lo hagan los demás… Entonces me alejo, prefiero evitar sentir cualquier cosa que se le parezca al amor, y me convenzo de que valgo más que lo que me ha hecho creer esta puta sociedad, más que una noche de relaciones y alcohol… ¿Pero cuánto dura? Dura una mierda, lo mismo que duran las mañanas fugaces de los amantes, esos que al marcharse se despiden con un beso en la mejilla, cuando la noche anterior hicieron de sus cuerpos la mejor de las poesías.

Suelo esconderme en palabras, no sé, a ser sincera es que odio escuchar mi voz quebrada al punto del llanto, me da asco verme tan débil y no poder remediarlo.

Hoy, como dije, hoy tengo un nudo en la garganta que no me deja hablar y hace al silencio mi mejor amigo, ese que en las noches me presta su oído y me consuela dándome abrigo… Confieso que suelo quedarme minutos frente al espejo con la luz apagada y entonces me veo; veo la sombra de lo que antes eran sueños y hoy son sólo destellos.

Es verdad, tengo esa maldita manía de buscar amor en labios que sólo dicen mentiras, y como si no es suficiente me gusta creerme cada te quiero, supongo que así, al menos siento que siento…

Es cierto que paso el tiempo detestándome y tal vez no gano más que sólo hacerme daño, ¿pero y qué cambia si cada beso que he dado me lo han devuelto envuelto en un sin fin de engaños? Porque digo, si debo elegir, elijo matarme antes de que me maten, resulta algo exagerado, pero vamos, ¿que no es cierto que si das tus sueños boca arriba en tus manos y a cambio recibes un puñetazo, no has sentido que tu vida ha acabado?

Es triste aceptar que hace un tiempo dejé de ser yo para ser lo que todos querían, pierdo minutos intentando encontrarme y resulto acabada en el suelo, cansada de todo si al final no me tengo. Más triste es igual, haber permitido por él dejar de reír, aunque lo trágico, fue no tener fuerzas ni siquiera para escribir.

Reconozco, que tengo el vicio incontrolable de odiar mi cuerpo y cada tanto le marco las partes donde quisiera cambiarlo.

Sonrío, como si el maldito hecho de hacerlo va a hacer de mi día uno mejor, y me oculto tras la mirada más fuerte que se ha podido inventar, es que no dejo que nadie descubra que en el fondo soy una niña que sólo quiere llorar…

A veces, cada tanto, salgo a caminar cuando todos están dormidos, me gusta respirar el aire puro y escuchar los sueños de cada uno… También es verdad que me gusta hablar con el viento, despacio le susurro, le cuento que una vez más a penetrado el vacío y que poco a poco me voy rindiendo.

Pero sabes qué más, hoy, hoy también es de esos días que quiero subir el volumen de la radio y ponerme a cantar, olvidarme que estoy muerta y echarme a volar… Recuperar esa niña que danzaba bajo la lluvia y jugaba a ser princesa a la luz de la luna… Hoy tengo ganas de recuperarme y volver a ser yo, hacerle un rayón a los miedos y volver a creer nuevamente en el AMOR.