“¡Obedece a tu hermano!”, gritaba mi mamá cuando era más joven. Y es que tener hermanos no es sólo una suerte y una bendición de la vida (en serio), es también, en un momento de la vida, un verdadero tormento. Si eres, como yo, el último de la lista, tienes muchos problemas: 

Estás el obligado a poner la mesa, a no gritarles a tus hermanos mayores aunque se hayan pasado contigo, a ser víctima de “bullying” (amigable, eso sí) constante, a que tus papás te traten como retrasado mental y si los hermanos mayores eran “inteligentes”, ya valiste, serías acreedor de comparaciones desde la pre primaria.

Eres el elegido siempre para hacer los “mandados” de tú mamá, así fuera algo insignificante y no importaba si estabas entretenido viendo algún programa científico o haciendo tarea y que ellos, claro, no estuvieran haciendo nada.

Somos seres que sufren.

Si algo aparecía roto en la casa, ¿quién creen que era el culpable? Sí, los hermanos menores.

Éramos victimas de engaños. Bajo promesa de darnos algo nos mandaban por tonterías a la tiendita y ¿el resultado? no nos daban nada.

Pero Dios es misericordioso y siempre nos daba la oportunidad de revancha y bien podríamos decir, “como sin querer”, acerca de aquellas escapadas de la casa para ver a la novia, cuando mamá los había castigado, en plena comida.

Ver sus ojos contra nosotros, era maravilloso. A final de cuentas, la inocencia que nos caracteriza como hermanos menores, tiene sus ventajas ante mamá.

Después vendría su furia contra ti, pero no importaba mientras los regañaran y mientras disfrutaras su cara.

La revancha de ellos, además de las “luchitas” que te jugarían, venía cuando le contaban a tú mamá que te habían visto con una niña afuera del kínder. Las mamás tienen esa habilidad innata de poner incómodos a sus hijos (además de en ridículo).

Pues, ¿qué buscan las mamás? Teníamos cinco años y claro que andábamos invitándoles chicles a nuestras amigas. Pero lo conseguían ¡su revancha se había consumado!

Los hermanos son el único vínculo con el pasado que tendremos ya de mayorcitos, pero mientras nos queda esperar que ellos tengan hijos, mismos que además de quererlos mucho, serán los pequeños seres que se convertirán en nuestros mandaderos a cambio de una moneda que nunca va a existir, los que pagarán cada una de las cosas que nos hicieron sus papás.

Tener hermanos mayores no es sólo una bendición, también es una tortura, pero, ¿cómo demostrar cariño si no hay bullying de por medio?

Pero, ¿qué haríamos sin nuestros hermanos mayores? No tendríamos la posibilidad de conocer cosas que desconocíamos, ni de que nos apoyaran cuando necesitábamos un abrazo, o que pudiesen jugar con nosotros y pasarla genial. Nuestros hermanos mayores son simplemente nuestros mejores y primeros amigos; son ese vínculo con nuestro pasado y el recuerdo que queremos tener siempre en una comida familiar, cuando todos los hermanos pasen los 40.

Con ánimo de posdata. Los hermanos menores éramos víctima de experimentos con nuestro cabello, probando los deliciosos platillos creados en el famoso juego de la “comidita” hechos con lodo, ser amarrados, jamás poder ver la televisión si los mayores estaban ahí, etc.