¿Cuántas veces nos pasa que nos metemos a nuestra red social favorita y nos encontramos con cientos de citas, fotografías y artículos sobre cómo ser más productivos, sobre cómo lograr tener la vida de nuestros sueños? Si bien son interesantes, llega un punto en que consumir tanta información de este tipo se vuelve deprimente. Pasan los meses y sientes que tu vida aún no se ha movido en la dirección que esperabas. Pero la verdad es que no necesitas que nadie más te siga diciendo que vas por el camino equivocado, porque no es verdad.

Déjame que te cuente un secreto: el cambio, la evolución y el éxito tienen algo en común y es que no nos damos cuenta que hemos alcanzado la meta hasta que llegamos a ella. Te mantienes estático hasta que cambias, haces todos los días lo mismo hasta que un día te das cuenta que has evolucionado, trabajas sin cesar hasta que llega el mes en el que miras hacia atrás y hacia adelante y te das cuenta que has llegado a la meta.

El problema es que las lecciones más grandes las aprendemos en el proceso y no una vez que hemos logrado lo que queríamos. Puede que esto sea lo más difícil de aceptar. Si todos están viviendo su vida soñada y logrando lo que desean, ¿por qué tu no? La respuesta es sencilla: tú también lo estás haciendo, pero a tu propio ritmo. En vez de cuestionarnos y hacernos sentir mal tenemos que permitirnos ser lo que somos en el momento en el que lo somos. Tenemos que dejar de vernos como alguien incapaz de lograr lo que quiere y comenzar a apreciarnos como una persona que está en un progreso constante.

Muchas veces olvidamos que el cambio nunca es evidente. Sentimos que estamos estancados hasta que nos damos cuenta de que hemos cambiado.

Gran parte de nuestra infelicidad proviene del hecho de que creemos que nuestra vida debiese ser diferente. Creemos que deberíamos poder tener el control de nuestra vida cuando, claramente, vivir significa navegar un mar cuyas olas no podemos controlar. Es cierto que podemos controlar nuestro bote y navegar de la mejor forma posible, pero eso no elimina el hecho de que hay cosas que están más allá de nuestros deseos. Aún así, decidir seguir navegando es todo un logro en sí mismo. Tenemos que permitirnos ver la vida pasar frente a nosotros y sentirnos empoderados al mismo tiempo que dejamos ir las variables sobre las cuales no tenemos control alguno.

Hay cosas que puedes controlar y hay otras que no. La sabiduría más grande es poder diferenciar entre ambas.

Pocas veces las oportunidades llegan a nosotros de la forma que creemos que lo harán, de hecho, me atrevo a decir que en gran parte de las ocasiones llegan disfrazadas de dificultades. Lo que necesitas no son más listas de cosas por hacer, no es más inspiración. Lo que necesitas es culparte menos, es dejar de sentir vergüenza por estar dónde estás. Date cuenta que eres todo un milagro, parado sobre tus pies. Sí, puede que tu mejor amigo haya conseguido el trabajo soñado o tenga su propia casa o ahora tenga una esposa y un perro, pero eso no significa que su vida es más exitosa que la tuya.

A veces necesitamos que más tiempo pase antes de lograr eso que tanto queremos, a veces no somos la persona que necesitamos ser. Puede que aún nos falte vivir cientos de experiencias para convertirnos en el hombre o en la mujer que necesitamos ser antes de llegar a nuestra meta, y ¿sabes qué? Está bien. Está perfecto. La vida tiene una magia que va más allá de lo que podemos entender, y si sientes que tu vida no va como debería, recuerda que aunque puedes intentar controlar todas las variables, también tienes que confiar en que tu camino te llevará al lugar adecuado.

Llegará el día en el que este momento tendrá sentido. Confía en eso y confía en el proceso.