Bien sabemos que viajar nos entrega cientos de placeres, enseñanzas y aprendizajes. Sin embargo, a veces nos vemos sumidos por la rutina y nos olvidamos todo lo que recorrer el mundo nos puede aportar. Por eso, hemos enumerado aquí 10 cosas que quizá te convenzan para que de una vez por todas armes tus maletas y compres el próximo ticket de avión que salga.

1. Adquirir una visión más amplia y variada de la vida

El país en el que creces es la mayor influencia que tienes en la vida, determina muchos comportamientos y prácticas sociales que te determinan como persona. Cuando viajas a diferentes culturas y te das cuenta de que eso que tu entendías como tu guía de vida hace parte de un panorama mucho más grande. En ese momento empiezas a entender a los demás y a respetar sus decisiones de vida. 

2. Descubrir de lo que eres capaz y hasta dónde puedes llegar

Viajar es enfrentarte a ti mismo a situaciones fuera de tu zona de confort. Estás todo el tiempo a prueba, desde tu tolerancia a la comida hasta el contacto con personas absolutamente diferentes a ti. El éxito del viaje está encontrar tus límites y disfrutar tus fortalezas.

3. Crear una gran red de amigos

Cuando viajas tu mente está abierta a un montón de experiencias nuevas y terminas haciendo cosas que jamás hubieras imaginado o que jamás harías en tu país de origen, como hablar con extraños, salir de fiesta con gente que apenas conoces o compartir habitación con gente a la que ni siquiera le hablas. Este estado de tu mente y las situaciones al límite a las que te ves enfrentad@ a diario hacen que gente que recién conoces se conviertan en amigos para toda la vida. Creo que esta es la mejor de las razones para viajar. 

4. Aprender nuevas costumbres

“A donde fueres has lo que vieres” es una frase que repetía mi abuela cuando era niña; ahora entiendo su significado y sobre todo su poder. Cuando viajas a un país y actúas como la gente de ese país eres recibido con afecto instantáneamente y eres capaz de entender la cultura desde sus propios habitantes. Empiezas a ver el lugar con ojos de local y es ahí donde nacen las mejores experiencias. 

5. Darte cuenta de lo realmente importante, cuáles son tus prioridades y de que cosas puedes prescindir

Acostumbramos a cargar un equipaje gigante, echamos en la maleta todo lo que nos parece que podemos necesitar en alguna ocasión hipotética: un chaleco salvavidas por si se hunde el barco en el que no vamos a navegar. Esto no sólo ocurre con nuestras maletas, ocurre con nuestro equipaje de vida. Guardamos tantos recuerdos, tantos apegos a lo que no fue, pero pudo ser, tantos amigos poco sinceros, tantas convenciones sociales, que terminamos agobiados por el peso de nuestra vida. Viajando aprendes a empacar ligero, a conservar todo lo que es realmente importante, a priorizar todo lo que cargamos, no se vale nada que no necesitemos realmente. Aprendemos a valorar lo que amamos y a prescindir de todo lo que nos pesa en el corazón.  

6. Probar todo tipo de comida

Poner a prueba tu paladar es una de las razones más emocionantes para viajar. Someterte a los sabores de otras culturas puede ser todo un reto, pero también puede poner a prueba tus gustos y cambiar la forma en que percibes el mundo a través del sentido del gusto. Para una persona con dificultad para aceptar sabores y texturas nuevas puede ser una mala experiencia, pero si cambias tu mentalidad y pruebas todo como lo haría un niño puedes descubrir un universo escondido de delicias culinarias.

7. Darte cuenta de que eres un granito de arena en el mundo

Los seres humanos tenemos tendencia a creer que todo en el universo gira al rededor nuestro, o bien todo es un complot para hacer de nuestro día el peor o todo conspira para que las cosas salgan a nuestro favor. Por medio de la experiencia te das cuenta cuán equivocado estás. Hay muchas personas y muchos lugares por conocer, tú eres sólo una pequeña pieza del engranaje del universo, cada decisión que tomes y cada cosa que hagas tiene repercusión en todo el mecanismo. 

8. Entender que tu familia es más grande de lo que crees

Desde pequeños conocemos a nuestra familia, un núcleo (unas veces más grande que otras) de personas que comparten nuestra sangre, pasamos tiempo con ellos y creamos lazos que muy difícilmente se rompen. La familia es lo primero, nos dicen, y realmente lo es; es nuestro support group, cuando todo va muy mal, cuando el mundo es un lugar horrible, cuando parece que no hay esperanza, la familia está ahí para apoyarte y ayudarte a salir adelante. Después de que has estado un tiempo fuera de tu país empiezas a comprender que la familia no la conforman únicamente las personas que comparten tu ADN, empiezas a formar tu familia honoraria. Tu grupo de apoyo incondicional que nada tiene que ver contigo, genéticamente hablando, son amigos que están contigo en los peores y los mejores momentos, que se ganan un lugar especial en tu corazón a punta de trabajo duro y amor. Muchas veces la conforman personas de tu mismo país y otras muchas es un collage de nacionalidades que jamás hubieras esperado. 

9. Tener un amor viajero

Viajar y enamorarse son dos experiencias muy similares; llegar a un lugar desconocido y familiarizarse con la cultura puede fácilmente ser comparado con conocer una persona nueva entrar en su mundo y empezar una nueva relación. El amor hace que cualquier experiencia sea la mejor, hace que todas las experiencias sean mágicas todos los lugares extra especiales y que todos los recuerdos de la travesía queden guardados en el corazón como los mejores momentos. Mi recomendación es enamorarse durante el viaje, antes del viaje, después del viaje; siempre siempre enamorarse. 

10. Viajar es como un vicio, una vez conoces una ciudad quieres conocer el mundo entero

No esperes más, sólo busca un destino, agarra tu maleta y empieza tu propia aventura.