Es normal que cuando el final se acerca estamos tan aterrados que buscamos todas las excusas para retrasar su llegada, le damos vuelta a la manecilla del reloj, atrasamos el calendario, nos mentimos constantemente para convencer a nuestro ingenuo corazón de que sí se puede. Qué error más grave.

Por ahí vamos diciendo que no estamos mojados aunque llueve, creando hermosas veladas para no espantarnos con la realidad, mirando a través de cristales de ilusiones frágiles, débiles, tan nada. Qué pena que siempre el tiempo nos jugara en contra, nos atara a lo que no queríamos, a lo inevitable. Ahora ando preguntando por todos lados cómo puedo dejarte ir, cómo cambias lo que no quieres, cómo lo cambias si es casi imposible, tienes esa pequeña luz encendida dentro que simplemente te alienta pero es tan pequeña su voz, y te vas desvaneciendo con ella.

Qué triste final pero qué tremenda historia, las mejores tardes de verano, las mejores noches en la playa, los mejores amaneceres en tus brazos, cuánto luché… cuánto te luché, cuánto insistí, fui hasta en tu contra pero como me convenzo de lo que ya es verdad y no quiero ver, por tonta o por ingenua no sé cuál tiene más peso. Me mentí, me apegué a la idea de lograr encajar perfectamente en tu prototipo, me escuchabas hablar de la vida como si todo fuese un molde, siempre me dijiste que no es encajar, es vivir y vivir como se quiere, es por eso que hoy te dejo ir, te libero de mí, de mis ansias, de mis noches largas de insomnio y mis berrinches de niña.

Te dejo ir y me llevo lo mejor de una historia que se volvió por completo mi vida, mi espacio, capturo todo de mí y yo con tanta facilidad lo entregué, te he amado tanto y ahora me duele como nunca, pero no tengo cómo atacar tus sentidos, cómo batallar en contra de tus sentimientos, de tus inseguridades, sólo me queda escribirte esta carta que espero un día leas.

Aquí seguiré, sabiendo que no fallé, convencida de que un día entenderás que no me rendí, nos rendimos, yo por ti y tú por mí. Como extrañaré cada pequeña parte de ti, tus labios tontos, tus manos dulces, tu habitación desordenada, tus gritos locos, tu personalidad insólita, todo de ti. Cómo desearía que me creyeras un poco más, pero no me quiero conformar tampoco, no luché para eso.

Te dejo ir porque te amo, porque aun si quisiera atrasar un poquito más las agujas del reloj, no puedo hacerlo. Quiero que sepas que te amo como a nadie, que mi deseo siempre fue hacerte feliz, que no quiero luchar contra lo que quieres, estar sin mí. Quisiera no desistir, convencerte una vez más, pero para qué te hago quedar si tu alma se opaca y se apaga un poco más cada vez que te quedas, te dejo en libertad porque el amor también es soltar, es dejar ir, es dar lo mejor y hacer lo mejor por quien amas, y para mí tu felicidad esta primero que mi egoísmo.

Gracias amor mío, gracias por cada uno de los momentos de locura, por los malos ratos también y por nuestros sueños compartidos, por jugar a la casita y vernos en un futuro, espero poder encontrarte en algún momento y quisiera amarte aún más, pero espero que hasta entonces seas muy feliz, y si no llega el momento del reencuentro por favor promete que siempre tendrás esa sonrisa sin igual que es tan tuya y quisiera que también mía. Hasta siempre amor de mi vida.