Cada quien tiene una historia, pues siempre he creído que la vida es como un teatro somos protagonistas de varios momentos. El pasado no es nada más que el camino que nos ha hecho grandes, más valientes y sobre todo más humanos. Si hago un recorrido por lo que he vivido bendigo mi pasado, incluso los momentos de oscuridad, de dolor, los amores perdidos, las guerras ganadas, las risas con amigos, las oraciones de rodillas, el amor y el verdadero perdón. He aprendido tanto de por dónde he pisado que no cambiaría nada de lo que viví, porque quizá sin todo eso no seríamos los hombres y mujeres que somos. Quien pisa fuerte siempre deja huella y la huella es la marca que dejamos en el mundo, es por lo que día a día debemos ser mejores.

El pasado es el trampolín para no tener miedo de andar por el mundo, con una mochila o un millón de sueños, es la fuerza para tener una vida la cual nos haga sentir orgullosos, para conocer personas que llevemos siempre en nuestra maleta, para emprender viajes, correr riesgos, amar aunque nos rompa el corazón, por eso amo mi pasado y estoy verdaderamente orgullosa de él.

El pasado es un bendito aprendizaje, y lo más grandioso de él es que ya nadie nos quita lo bailado, lo soñado ni lo vivido señores, hoy es ayer de mañana, por eso súbete encima de las tablas y cuando el telón cierre procura que el público termine aplaudiendo tu sacrificio, tu amor y tu propia obra llamada vida.