¿Me recuerdas? Solía ser esa chica con cara de pocos amigos, tímida y muy callada que se sentaba al fondo de la clase sin molestar a nadie. ¿Sigues sin recordarme? Solía ser ese montón de burlas e insultos que repetías a diario; “gorda”, “fea”, “nerd”, “estúpida”, “perdedora”. Era esa chica que dejaban de lado, esa persona que no tenía derecho a decir ni una palabra y que era incapaz de defenderse. Esa chica que quería ser aceptada e incluida pero que sólo era menospreciada y denigrada todos los días.

Creo que estas empezando a acordarte.

Abusaste verbal y psicológicamente de mí. Lograste que mi autoestima cayera al punto de morir y que mi seguridad se esfumara en un segundo. Te dediqué noches llorando deseando no existir y acabar con este infierno, días en los que fingía estar enferma para no ir a la escuela y poder librarme de tus miradas ofensivas e insultos.

Deseaba poder entrar a alguna red social y no encontrarme con estados y fotos en donde se burlaban de mí y se reían a más no poder, sabiendo el daño que me hacían.

Llegué al borde del abismo sola, caí en la anorexia, en la depresión… En un ciclo sin fin donde el único punto final era caer rendida. Muerta.

Pero no pude, no pude darte el poder de controlar mi vida, de manejar como un títere mi autoestima y mi seguridad. Tú no te mereces ese papel en mi vida.

Sólo quiero agradecerte porque gracias a ti pude entender que puedo contra todo. Que valgo más que lo que diga el resto, que tengo un propósito en esta vida, que sólo debo preocuparme por quien valga la alegría y no la pena como tú, que yo nunca necesité hacer daño a otro para sentirme bien conmigo misma y que logré demostrarme que soy mas fuerte que cualquier adversidad.

Gracias por tantas heridas, cicatrizaron muy bien y me hicieron más valiosa.

Espero que seas muy feliz porque yo… finalmente lo soy.