Hoy, después de varios días dándole vueltas a la cuestión de escribir por ti una vez más, decidí que sí, lo haré, porque ya no aguanto y esto me está matando. Sé que estás con alguien más, que hace mucho tiempo ya me dejaste muy atrás, que ahora tiene un nuevo número favorito, que ahora nuestras promesas las cumples… pero con ella. Que has cambiado y quizá ya ni siquiera te conozco o eres la mitad de lo que yo conocí.

Pero claro, ninguno de los dos somos los mismos, no somos los mismos ilusos de hace unos meses que creían en la promesa del “para siempre”, al menos yo no. Sé que ahora sonríes y el motivo es otro. Que eres feliz, pero ya no a causa mía.

Ella te da todo lo que esperaste de mí un día, es detallista y permite fotografías juntos, me parece bien. Yo nunca iba a darte eso, porque no soy así y no iba a cambiar quién soy, solo para complacer a alguien que tarde o temprano, se iría. Así como yo tampoco, jamás, te pedí que cambiaras algo de ti, sólo ayudaba a que fueras mejor persona, pero nunca te pedí o exigí más de los que me podías dar, nunca.

Y eso, eso es algo que en nadie más vas a encontrar. Mi amor fue diferente, mi forma de amar es diferente a la de cualquier persona en el mundo, pero jamás la entendiste.

No lo niego, aún dueles y de una manera que no te imaginas, pero algo bueno salió de todo esto; descubrí que si soy capaz de amar, y amar de una manera de verdad, sin estereotipos o ser lo que todos quieren.

No sé cuántas malditas veces te dije que íbamos por muchos años, ni siquiera llegamos a uno.

Todavía me lamento por todo, mi rencor por ti sigue aquí, pero aún así me es imposible dejarte atrás. Espero y sigas siendo tan feliz como lo eres hoy. 

Uno recibe lo que desea y ya es hora de que cosas buenas me pasen a mí.

Te amo, para toda la vida.