Es sábado, tu teléfono suena sin parar, tu mejor amiga te dice que no puedes pasar una noche más dándole vuelta a las mismas dolorosas palabras, esperando dormir para olvidar, para soñar sabiendo que te despertarás en la misma pesadilla. No quieres salir, aun cuando crees que es el mejor remedio. Pero no lo es, en el fondo sabes que necesitas estas horas, ahogar tus pensamientos en la almohada y que esas lágrimas poco a poco junten los pedazos de tu corazón, que se rompió una vez más.

Te pesa el alma, te duele en lugares que no sabías que tenías, sientes que si no te abrazas te romperás en pedazos. Tu cabeza está llena de preguntas sin respuestas, y por momentos piensas que estás loca, equivocada y que todo fue producto de tu imaginación. Pero no fue así y no fue tu culpa. El amor no es un juego, no usaste malas cartas, no fue un error de estrategia… era o es un bache por el que tenías que pasar, caer y levantarte otra vez.

No te puedes culpar por sentir, tus sentimientos son de las cosas más bellas que tienes, son sinceros y claros, son grandes y especiales. Las lágrimas que corren por tu rostro sólo son una prueba más de lo inmensa que es tu alma, la bondad y verdad que hay en ti. Tu corazón tiene mucho amor por dar, tu sonrisa alegra la vida de muchas personas, tu presencia ilumina cualquier sitio a donde vas. No te puedes culpar porque él se cruzó en tu camino, no te puedes culpar por sus dudas, miedos y cobardía. No te puedes culpar por sus idas y venidas, lo tibio y frío.

Sabes que mereces más, mereces a quien dé todo lo que tú das, mereces más que trucos baratos y palabras vacías, mereces más que abrazos sin sentimiento y besos fugaces. Mírate al espejo, mira dónde empezaste y a dónde has llegado,definitivamente mereces más que quien no se dejó amar.