Muchas veces me pregunté por qué no volvió a buscarme, por qué no volvió a tomar el papel de padre, y por qué aún ahora tengo que hablar cuando me preguntan por él… No sé, nunca conocí a mi padre, y aunque no sé las respuestas a mis preguntas, aprendí que el rencor sólo me dañaba a mí. 

Hoy me sentí tonta porque derramé unas lágrimas, al enterarme de que hasta hace 2 años pude haberte conocido, pude haberte buscado, o tú a mí… pero ya que nunca más lo haré, me atrevo a escribir algo sobre ti.

No sé si te acordabas de mí, no sé si en 28 años pensaste en esta hija que no viste crecer, yo pensé en ti ni muchas, ni pocas veces, creo que las suficientes desde que fui consciente de tu abandono y a veces cuando se instalaba en mí una chispa de nostalgia, por aquello que no pude tener; tú.

No sé si antes de morir, quizás algún pensamiento tuyo fue por mí.

Hace un tiempo descubrí que sentía rencor por ti… Rencor que no era consciente de que existiera. Rencor, por no haber estado cuando te necesité. Sin embargo también descubrí que ese rencor sólo me dañaba a mí, así pues decidí que te debía perdonar… y así aprendí a perdonarte.

Te perdoné por no haber estado allí, porque eso me hizo una persona más fuerte, valiente, perseverante e independiente. Te perdoné porque en realidad no me hiciste falta todo el tiempo.

Cuando fui pequeña, sólo recuerdo haberte echado en falta una vez para el día del padre… Y si me preguntaban dónde estabas, siempre respondía que yo no tenía papá.

Te perdoné por no buscarme nunca, porque eso me hizo querer no estar lejos de mi mamá, ella me enseñó a respetar a los demás y a ser digna de confianza. Ella me enseñó a siempre decir lo que siento y a ser sincera con las personas que me rodean, porque mentir es lo peor que se le puede hacer a alguien.

Ella nunca permitió que yo le faltara al respeto a nadie, y me enseñó a cumplir con mi palabra.

Te perdoné por no ser un padre porque gracias a eso mi mamá pudo tomar tu lugar, y lo hace de una manera excelente.

Ella tomó tu lugar desde el momento en que se alejó de ti, tuvo sus motivos y eso sólo lo sabrá ella y tú.

Sacó adelante a dos hijas y siempre trabajó muy duro para darnos todo lo que necesitábamos y aunque a veces no pudo darnos lo que quería nunca nos faltó su incondicional e inagotable amor. Yo estaré eternamente agradecida por todo lo que hizo por nosotras. Ella está orgullosa de mí por todo lo que he logrado. Ella me ha demostrado lo que es el amor verdadero, y no sentí la necesidad de tenerte a mi lado… Ella siempre estuvo ahí, para mí.

Porque siempre tuve a mi mamá a mi lado, ella nunca me habló mal de ti -a decir verdad, nunca me habló nadie de ti porque nunca fuiste parte de nuestras vidas-. De ella, aprendí que debo ser agradecida por lo que tengo. Me enseñó a no rendirme y a no sufrir por nada ni por nadie, y a no creer que por el hecho de no tener padre, era menos o debía sentirme diferente.

Te perdoné por todas estas cosas, porque yo sé que gracias a ello soy lo que soy. Fui a mi primer día en el colegio sin ti, me gradué sin ti, vivo en otro país sin ti, y a pesar de no tener un cariño por ti como debería ser, me doy cuenta de que siempre quedará la duda en mí, de si yo te hice falta alguna vez… o si en tus sueños siquiera yo estaba presente.

No tenerte en mi vida no es que definiera un fracaso, al contrario, me motivó a buscar el éxito y a salir adelante. Y no para demostrártelo a ti, sino para demostrármelo a mí misma, y para hacer sentir orgullosa a ELLA, a la mujer que no se apartó de mi lado nunca.

Ahora cuando miro a mi alrededor, veo a mi familia que ha crecido con el tiempo, tengo 3 hijos maravillosos que no conociste, pero que te habrían dado mucho cariño, y en mi niñez mi pequeña familia (mamá y mi hermana) llenaron el vacío que tú dejaste.

Te perdoné por el dolor que sentí. Tu abandono me ha hecho una mujer fuerte, porque he aprendido que si bien el amor de un padre SÍ es importante, el amor de una madre es incondicional y no importa donde esté, ella será la única persona en el mundo que verá todo lo mejor en mí y que me alentará siempre.

Tu ausencia me enseñó que el odio no me lleva a ningún lado. He aprendido a perdonar. He aprendido a perdonarte.

Así que me hubiera gustado decirte, tú no arruinaste mi vida cuando no volviste a la mía. Mi vida siguió adelante sin ti. Mi vida no ha sido mala porque no hayas estado presente en ella, al contrario, he sido una niña y una mujer feliz.

Realmente espero que hayas encontrado la felicidad. Y te perdono por ser el hombre que me dio la vida, pero que no volvió a ella para incluirme en la suya.

Quizá nos veremos en la eternidad.

Descansa en paz.