Los matrimonios son muy importantes en la vida de las personas que creen en ellos como una meta en la vida, porque todo cambia cuando encuentras a la persona con la que quieres comprometerte a pasar el resto de tus días. Ese gran día en que te unes al camino de otra persona,e s una celebración, una gran fiesta. ¿Pero qué pasa cuando todo lo que habían planeado juntos se derrumba porque uno cambia de opinión? Probablemente piensas que todo se va a la basura, pero este no es precisamente el caso.

Dana Olsen es una chica de California que fue abandonada por su futuro esposo seis semanas antes de su boda.

Algo que ella, nunca esperó venir. Se conocían hace quince años, habían estado en una relación seria durante los últimos tres años y además, comprometidos durante uno de ellos. Dana creían que eran felices juntos, sin embargo… Al parecer, él no pensaba lo mismo. 

Las invitaciones habían sido enviadas a los 250 invitados, hace tres semanas habían comprado sus anillos de boda y también ya habían contratado a su fotógrafo. Días antes de que él rompiera con ella, aún seguían hablando de su boda, haciendo planes y conversando acerca de cómo se la imaginaban.

“No creo que alguien en el mundo pudiera decir ‘sí, me lo veía venir’ refiriéndose a nosotros” sostiene ella.

A pesar de que Dana no podía entender como dos personas que se amaban mutuamente no podían querer casarse, tuvo que enfrentar su realidad: Todo estaba pagado para realizar la fiesta.

Su familia había puesto una gran parte de los gastos para la gran ceremonia que iba a ser hermosa hasta que su novio decidió cancelarla, sin embargo, no podían pedir un reembolso por muchas cosas que ya estaban reservadas. En ese momento, Dana pensó que las habían reservado para utilizarlas, pero no necesariamente para una boda.

“No tenía nada que celebrar, pero aún quería que alguien tuviera una buena noche”.

Dana con sus padres investigaron un poco para saber a quiénes les vendría bien una noche entretenida y decidieron donar su gran evento a una organización en Seattle llamada Mary’s Place, un hogar de acogida que recibe mujeres sin techo y con sus hijos.

La fiesta se realizó de todas formas y fue todo un éxito, pero Dana no asistió a ella esa noche.

Por decisión propia, Dana prefirió quedarse descansando el día de su boda cancelada, pero gracias al esfuerzo de la madre de Dana, la fiesta tomó lugar donde mismo debía haberse casado su hija. Sin embargo, la fiesta contó con un propósito muy diferente: Darles un poco de alegría a estas mujeres que estaban luchando por su futuro.

“Hacer esta fiesta me ha forzado a estar en una mejor situación mental. No sé cómo exactamente, pero hacer de esta posible boda un evento para mujeres luchando, me ha hecho sentir menos desolada”, comenta Dana en el blog donde compartió su historia.

Por cosas así es que dicen que de todo lo malo se puede sacar algo bueno, ¿no?