A veces nos aferramos sólo a lo posible porque lo imposible nos da miedo. No crees que tu corazón vaya a ser capaz de soportar tal sacrificio, y por ello prefieres vivir en la comodidad de lo posible. Hay días en los que lo posible no es suficiente y sientes un vacío en el pecho o en la mente. Lo posible es fácil, es bueno, es rápido. Sin embargo no es lo que quieres. Lo que realmente anhelas es un sueño que perseguir. Y la rutina de cada día te atrapa en ese gran dilema. Lo posible te ofrece esperanzas de futuro, te ofrece una tranquilidad en el presente.

Lo imposible sólo son riesgos, sin ninguna garantía. Pasas los días disfrutando de lo posible, pero las noches pensando en lo imposible, en el cómo sería. Y lo peor de todo es que a veces llegas a creerte tus propias mentiras y te convences a ti mismo de que lo posible es lo que mejor te va, lo que necesitas. Y esa mentira cada día se hace más poderosa, y te calma, pero te duele porque tú sabes que no es real. Así vas pasando los meses hasta que una mañana te decides. Y te decides por la mañana, porque la noche anterior la pasaste sufriendo y tan sólo imaginando cómo sería lo imposible. Entonces, te vistes, te miras al espejo y te dices a ti mismo: hoy dejo lo posible y voy a por lo imposible. Y ese momento marca una diferencia en tu vida. Porque aunque no salga bien, tuviste el coraje para afrontar tu vida de la manera que sólo tú escogiste. Y si no era la manera correcta, qué más da. Al menos lo intentaste.

Para conseguir lo imposible necesitas una estrategia. Y el primer paso siempre es el mismo. Borrar la mentira que te habías acabado creyendo al principio y empezar a ser realista. El segundo paso es decidir si realmente quieres lo imposible. Pero en ese instante estás tan ciego de adrenalina que estás convencido de que eso es lo que quieres. El tercer paso es cómo conseguir lo imposible. Para ello necesitas dejar de llamarle IMPOSIBLE y empezar a llamarlo OBJETIVO. Y una vez has puesto esa idea en tu mente todo lo demás va fluyendo. Porque cada uno sabe cómo alcanzar los objetivos. Y aunque al principio pienses que no lo sabes, lo sabes. Sólo que te da miedo o no tienes suficiente confianza en ti mismo para llevarlo a cabo. Y al final siempre es lo de siempre, el Yo cómodo le dice al Yo aventurero que se calle. Por eso TÚ tienes que hacer callar al Yo cómodo. Pero eso no es una tarea fácil. Quizás es el paso más difícil y en el que hay más fracasos. A pesar de ello, si lo consigues ya lo tienes.

Cuando estás intentando alcanzar el objetivo todo lo demás se vuelve trivial. Todas tus fuerzas se concentran en ello. Y aunque sigues funcionando como una persona normal, en la mayoría de los casos, tu mente está un poco más dispersa. Te encuentras a ti mismo pensando en el objetivo, cada vez que te aburres, cada vez que te quedas observando la nada. Y eso es el primer síntoma de que lo estás intentando y con todas tus energías. El Yo aventurero ha triunfado y va predicando sus ideas por todo tu cuerpo.

Cada vez te vas acercando más al objetivo y ya casi parece real. Cuando más cerca estás, vuelve a aparecer el Yo cómodo para desanimarte, para decirte que quizás no vale la pena tanto esfuerzo, que ya has desperdiciado demasiado tiempo. Y una vez más tienes que sopesar si quieres alcanzarlo o no.

Cuando consigues el objetivo te sientes espléndido. Te das a ti mismo una palmadita en el hombro y te dices: Te lo dije, tú podías. Y en ese momento lo IMPOSIBLE que se había convertido en OBJETIVO se transforma en LOGRO.

No ha sido un camino de rosas, pero ha sido un camino. Y eso quiere decir que sigues adelante, que sigues viviendo y llevando las riendas de tu vida.