Puesto que quiero ser el hombre de mis sueños, tú y yo soñamos distinto, no funcionará si traiciono mi propio anhelo. Si me dejas te mostraré que valgo la risa y la espera. Sí, es verdad, me olvidaré de cosas importantes, a veces no estaré allí para contenerte, seré sarcástico en ocasiones, haré silencio, serán muchas las veces que no te entenderé, que diré cosas que te molesten, lloraré a solas por vergüenza a que me veas, el hombre que te cuida el corazón siempre debe preferir sangrar antes que llorar, de lo contrario no es digno de tomar tal responsabilidad de ser tu centinela. Sí, es exagerado lo que digo pero eso no deja de hacerme sentir pena.

Tendré ganas de llorar cuando miremos alguna película, se me hará un nudo en las cuerdas vocales y miraré hacia arriba, para que las lágrimas vuelvan a su sitio, no es noble llorar con la princesa al lado, nosotros, los caballeros, lloramos en mazmorras, a soledad seca, nos verás mentir inocentemente antes de aceptar una flaqueza, nunca nos dolerá nada y si duele será un honor el padecimiento.

No voy a pensar todo el día en ti, tendré amigos, familia, literatura, mascotas, recuerdos en qué cavilar, no sólo estás tú en mi cabeza, hay un mundo que gira paralelamente como una bailarina de caja musical, si te pienso a cada rato me pospongo y el “yo contifo y sin mí” no es negocio para mi amor, te prometo, eso sí, que siempre me dará la sensación de que estás del otro lado de una ventana viendo cada cosa en la que pienso, es decir, para simplificarlo, estarás en tu justa medida en cada cosa que piense, en mis meditaciones pequeñas y en las grandes proezas que me rezo.

A veces será el orgullo más fuerte que la acción de abrazarte, me dormiré de espaldas a vos, lloraré en la almohada sin que te enteres y odiaré mis pocas chances de ser ese hombre que soñabas. Voy a preferir escapar por un rato, irme en el coche o caminando a alguna parte antes de sentarme a redactar mi enojo contra tu corazón, ¿y tú dices que eso es escapar? ¡Si te llevo conmigo, mujer, a todas partes, a cada sitio!

Nunca digas que no puedo mover esto o aquello, que no sé resolver una tarea, que no puedo con una simple cuestión. Todo lo hago para que no dudes un instante de que, agarrado a tus manos, puedo embestir los porvenires y las crisis, yo también tengo miedo, ¡vamos! no estás sola. A veces necesito que me aprietes fuerte contra tu pecho y que mi flaqueza no sienta pena ante tu presencia. Dime que te gusto, que esa camisa me queda bien, abrázame por detrás aunque no te veas desde adelante porque mi cuerpo te tapa, déjame al niño sin miedo que no estará mejor protegido que conmigo, literalmente me matan o mato por él. Y sobre todo, al final del día mírame a los ojos con todo ímpetu y descubre que nadie más que tú camina a mi lado por todo el futuro que me queda.