Cada fin de semana, cada domingo en la noche sentía una tristeza al darme cuenta de que ya iba a ser lunes y significaba que era hora de continuar con mis “obligaciones”. Lo pongo entre comillas porque no creo que se deba de sentir así vivir. El sólo hecho de saber que me tenía que levantar temprano, que tenía que hacer tarea o que tenía que ver mis socios me provocaba tristeza.

Lo primero que hice fue preguntarme a mí misma si lo que hago con mi vida me agrada, me planteé la situación, si yo estuviera sola en el mundo y no tuviera que demostrarle nada a nadie, no tuviera que competir o compararme con alguien, si no tuviera la obligación de siquiera levantarme de la cama, ¿qué haría de mi vida? Con esa respuesta supe que efectivamente sí estoy haciendo lo que me gusta pero no lo hago a mi manera, lo hago según el modelo de perfección que dicta la sociedad y eso me está haciendo sentir miserable. No hay espacio para juegos o locuras, mis pasiones se han vuelto mis obligaciones y ¿quién quiere vivir sintiéndose obligado hasta de levantarse de la cama? Ese fue el primer paso.

Cada mañana observo a un señor que tiene un trabajo de intendencia, lo curioso es que hace feliz su trabajo, siempre está de buen humor, es el tipo de felicidad que sientes genuina, cada mañana me pregunto qué motiva a este señor a levantarse y hacer su trabajo de buen humor y todavía encuentra la manera de divertirse en el proceso.

La segunda parte consiste en la motivación. He escuchado muchas frases entre mis conocidos y amigos; “mis papas son mi motivación”, “mi abuelo es mi motivación”, “mi pareja”, decimos todas estas frases sin siquiera darnos cuenta de la responsabilidad y poder que le estamos dando a algo o alguien sobre nosotros. La felicidad está en el interior, nada ni nadie te puede hacer feliz, sólo tú.

O todo lo contrario, le damos la carga a nuestros sueños, pero, ¿qué pasaría si se cumplieran?, ¿qué sigue? Es un círculo vicioso, le otorgamos nuestra felicidad ya sea a acciones o a personas con la condicionante de que si tuviéramos tal cosa seríamos totalmente felices, pero ¿en qué momento vamos a decidir ser felices en este presente?, ¿en qué momento vamos a tomar responsabilidad sobre nuestra propia felicidad? Por eso mismo llegué a la conclusión de que es vital que encontremos la razón que nos impulsa a querer vivir, querer levantarnos, nacimos para movernos, para divertirnos, ser felices, no para tener flojera hasta de despertarnos.

Esta motivación que cada quien es responsable de encontrar es lo que provoca que aunque aparentemente hagamos lo mismo 50 veces lo vas a hacer con una sonrisa, en ese momento la vida deja de ser una obligación y se vuelve un gusto, en ese momento te levantas emocionado porque ya no aguantas el querer iniciar tu día.

La pregunta mas básica que me gustaría que te hicieras a ti mismo; si estuvieras solo en el mundo, y no tuvieras que hacer nada que no quisieras, si tu vida fuera exclusivamente dedicada a hacerte feliz a ti mismo, ¿qué te motivaría a hacer las cosas que te gustan?, ¿qué te motivaría a vivir? (dije vivir no sobrevivir) ya que tengas las respuestas, tu vida en automático se volverá un quiero, no un tengo.