Antiguamente, quizá allá por la prehistoria o incluso antes, para conquistar a una mujer había que regalarle un delantal y una fregona. Este chiste ofensivo y vulgar ha perdurado a lo largo de los años y parece transmitirse de generación en generación. Actualmente los hombres van de progres y liberales, quieren (de dientes para afuera) una mujer independiente, y al parecer (que no es lo mismo que la certeza) huyen de las damiselas desvalidas que esperan en una torre a que llegue su príncipe azul a rescatarlas.

Mentira, a los hombres no les gustan las mujeres liberales, independientes y fuertes. Esas que no los necesitan, las que gritan: ¡soy feliz contigo pero también lo seré sin ti! Les aterra una mujer así, con más ego que ellos.

Y no es su culpa, viene impuesto por la sociedad, por la cultura. Los hombres eran los que trabajaban, los que traían el dinero a casa. Llegaban cansados y nosotras, las mujeres, teníamos la comida preparada, la casa limpia, a los niños acostados y una amplia sonrisa (a pesar del cansancio que supone llevar la responsabilidad de un hogar sin que sea remunerado o valorado) dispuesta a satisfacer todas y cada una de sus necesidades.

Una vez le pregunté a mi abuela por qué había tenido tantos hijos, me respondió: era lo que tocaba, mi hija. Y yo: claro, no había televisión. Mi abuela sonrió: no, no la había, pero era nuestro papel, traer hijos fuertes para trabajar y mujeres para servir. Se me ensombreció el rostro, y mi abuela que sabe un rato de la vida me dijo: eran otros tiempos, querida, aunque los hombres siempre serán hombres. Y es cierto, eran otros tiempos, aunque en ocasiones algunas mujeres tengamos la percepción de que fue ayer, léase Las 50 sombras de Grey, sin ir más lejos.

Pero como suelen decir los más viejos: la esperanza es lo último que se pierde. Y por ello quiero darles algunas nociones de cómo conquistar a una mujer independiente, a esos hombres que andan perdidos por mil novecientos y pico, y se suban así al tren del tiempo con destino al siglo XXI.

1. Evita contestarle con un “okey”. Las mujeres elaboramos nuestras conversaciones o los mensajes de texto. Son de vital importancia, en ellos están plasmados nuestros sentimientos y emociones. Trabajen una respuesta que esté a la altura, un “okey” es detectado por nuestro radar como la indiferencia absoluta hacia nosotras. Sean cuidadosos.

2. Si hacen una promesa ¡cúmplanla! Odiamos los castillos en el aire, los vende humos, los: donde dije digo, digo Diego. Si no eres capaz de comprometerte con tus palabras preferimos que no hables.

3. Si tus amigos piensan que tu pareja está loca, vuélvete loca con y por ella. Te aseguro que vivir en la locura femenina es mucho más divertido y placentero que una jarra de cerveza.

4. No dejes que los demás influyan en una decisión de pareja. Recuerda el viejo dicho, ¡dos son compañía y tres son multitud!

5. No pierdas tu personalidad cuando estás con tus amigos. Nosotras no odiamos a tus colegas, odiamos en quien te conviertes tú cuando están con ellos.

6. Que sus logros te hagan feliz. Aliéntala a ponerse nuevas metas y ayúdala a conseguirlas.

7. Que ella sea tu prioridad, no la opción entre muchas. Las mujeres somos como el elefante africano, tenemos el olfato dos veces más desarrollados que los perros y cinco veces más que los humanos. Con esto quiero decirles que olemos cuando merodean a otras.

8. Respétala a ella, a su familia y a su círculo de amistades.

9. Preocúpate por sus deseos y fantasías sexuales. Está muy bien que lleves la iniciativa, pero no hasta el punto donde sólo disfrutes tú. A las mujeres también nos gusta el sexo. Preocúpate por saber qué le gusta. Recuerda que somos perfectas en fingir orgasmos, y recuerda también que una vez que fingimos no repetimos, ni el orgasmo ni el amante.

10. Conviértete en su confidente. Escúchala, compréndela, procura no juzgarla, pero sobre todo hazle sentir que siempre estás ahí.

Realmente no somos tan complicadas, cierto es que a veces decimos sí cuando en realidad es no, y puede que incluso lleguemos a confundirte con algún “haz lo que quieras” que es un “ni te atrevas”; pero salvo esas peculiaridades a todas se nos pasan los enfados con un beso sincero y un abrazo comprensivo.