Sé que a veces por romántica peco de soñadora, lo admito. Pero he llegado al punto donde no estoy más interesada en recibir migajas de cariño. Me cansé de ser siempre una triste opción, de ser aquella por lo que no están interesados para luchar. Sobre todo estoy cansada de que realmente crean que les debo algo, y que solo porque me presten atención ya debo decir que sí.

Bien es cierto que tengo un carácter difícil, pero soy una mujer con la suficiente entereza de decir que lo quiero todo, y que lo puedo conseguir. Sobre todo porque sé que estoy completa, que mis metas y mi felicidad son mías, y no necesito a alguien para conseguirlo. Al contrario, quiero a alguien para disfrutarlo.

Por eso estoy cansada de los hombres a medio tiempo, de los que no se saben poner los pantalones, de los que tienen un cariño con horario, de los que no te cuidan pero no te sueltan, de los que no te cumplen, de los que no se deciden a mantenerte en su vida. Ojo, no es una crítica al género masculino, es una voz que se alza contra todos aquellos que para poner orden en su vida, deben hacer un torbellino en la de alguien más.

Las personas que no se esfuerzan día a día por ser felices, jamás podrán mejorar la vida de otro. Y es una verdad tan difícil de digerir, que nos damos cuenta de todo a lo que renunciamos tan sólo por el cuento de sentirnos enamorados de alguien. De todas esas veces que decidimos sacrificar lo que en verdad anhelamos por atarnos a alguien que es sólo “alguien y ya”.

Porque, léase bien, no importa cuán importante o especial sea una persona para nosotros, no es indispensable. No es el último ser humano sobre la faz de la tierra, es sólo alguien en nuestra vida; que si bien es cierto no podemos reemplazarlo, tampoco podemos hacerlo encajar en el lugar de nuestra vida que más esperamos.

Sólo así me di cuenta que quiero París, Roma, un café, el anillo, la propuesta, lanzarse en parapente, comernos un helado a media noche, planes y desplanes, viajes sin rumbo, arreglar su camisa antes de salir y que sólo esté manchada de mi labial, oler su almohada al acostarme, hacer su comida preferida en días especiales, guardar mi vestido favorito para que sólo él pueda quitármelo, escribir poemas en su espalda y borrarlos a besos, una mano que me sostenga en momentos difíciles, una sonrisa que me aliente, una vida y un hombre que me ame.