Muchas veces juzgarán tu camino sin más. Pero es claro que quienes lo juzguen, no se han encontrado en tu situación, no han recorrido tu camino. Pues si hubieran caminado un tramo mínimo, su perspectiva sería totalmente diferente. No hemos nacido para conformarlos a ellos, en cuanto a nuestros sentimientos, decisiones y acciones, pues sería algo imposible y desgastante.

Deja que hablen, que digan lo que quieran de ti, no te preocupes. Vive tu realidad, no la de ellos.

Si quieres sonreír, llorar, gritar, patalear, hazlo, sé libre. No te inhibas por el qué dirán, pues ninguno de ellos conoce nada tan profundo de ti, como qué te hace reír, ser feliz, lo que te hace realmente triste, y mucho menos conocen tu historia.

Solo tú eres el dueño de tus recuerdos y nadie más. ¿Por qué dejar de vivir bellos momento e inhibirlos? Evita a ese tipo de personas, no son las mejores. Aléjate de esas personas tóxicas, solo sirven para traer cosas malas, tú no las necesitas cerca.

Aprende a tomarte todo lo que venga a tu vida con la justa tranquilidad y calma. Crea un ranking si es necesario, clasifica en orden de importancia y de la persona que venga el comentario y/o actitud. Ignora a todos aquellos que no tengan críticas constructivas hacia tu persona, jamás son un buen aporte.

Complácete a ti mismo, vive sin tabúes, pues es tu vida. La vives tú, no los demás.

No dejes que comentarios hirientes o fuera de lugar cambien tu día o te definan, pues tú sabes lo que vales. Vive sin miedo de ser tú, y sé feliz. Pues esos que te critican, ven la luz que ellos no tienen.

No dejes de iluminar al mundo, por un simple grupo.

No pierdas tu valor, tu autenticidad, por personas que no significan más que una opinión.

Por ello cuando alguien te critique, diles: “a quien juzgue mi camino, le presto mis zapatos”.