Bien sabemos que John Green está de moda; y no por nada. Y es que sus últimos libros han revolucionado a más de una cabeza lectora, no sólo por sus entretenidas historias, sino también por todo lo que estas nos pueden enseñar. Detrás de cada frase hay un mundo por descubrir, y esto fue lo que yo pude rescatar cuando leí Ciudades de Papel:

1. Las apariencias engañan

Margo demostraba a todo el mundo (o simplemente proyectaba) ser una chica fuerte, segura, confiada y con un rumbo de vida completamente definido. Sin embargo, finalmente nos damos cuenta de que está muy lejos de ser la joven valiente y decidida que todos creen que es. Ella está tan perdida como todos sus compañeros, tratando de encontrarse a sí misma, buscando sueños y metas que cumplir.

Por otro lado, Lacey Pamberton, la ‘fiel’ amiga de Margo, sorprende positivamente a Quentin (y a todos nosotros), cuando descubre que esta chica popular tiene en realidad mucho más que ofrecer que sólo belleza. Esa termina siendo, de hecho, la menos importante de sus lindas cualidades.

2. No existen personas inalcanzables

Desde el comienzo del libro, Margo es una fantasía a la que Quentin le llama “milagro”. Una joven hermosa, misteriosa y llena de vida, que, a fin de cuentas, existe sólo para demostrar que nos enamoramos más de ideas que de personas.

En este caso Quentin está dispuesto a abandonarlo todo por una persona que apenas conoce pero que a grandes rasgos parece ser una chica genial. Sin embargo, Margo no tiene adjetivos que la califiquen, porque Margo es simplemente una chica.

Ciudades de Papel nos enseña que no existen personas inalcanzables, por que las idealizamos, y nos enamoramos de sueños, no de realidades, de ideas, no de personas.

3. Vemos las cosas que queremos ver

Cuando Margo “se pierde”, Quentin cree que ella le ha dejado miles de pistas para que él logre dar con su paradero. Es tal la realidad que este chico se inventa en su cabeza, que hasta nosotros creemos que ha sido así, y deseamos con ansías que Q logre encontrarla. Sin embargo, finalmente nos damos cuenta de que Margo no había dejado ninguna pista para él. Ella estaba en su propio viaje y no lo contabilizaba dentro de sus planes. Para todos es una gran sorpresa, sin embargo nos damos cuenta de cómo modificamos la realidad como esta nos convenga más.

Quentin REALMENTE veía pistas y señales donde NO las habían.

4. La perseverancia es la clave de todo

Aunque las pistas hayan sido “falsas”, Quentin se involucró tanto en su misión y en su sueño de encontrar a Margo, que lo logró. El chico falló mil veces antes de dar con ella, se frustró en el camino, quiso dejarlo todo, pero sus ganas de resolver este acertijo eran tan grandes que vio cada obstáculo como una nueva oportunidad de volver a comenzar.

Esto nos demuestra que aunque nuestro objetivo sea completamente loco, y que sólo nosotros nos lo hayamos inventado, mientras creamos en él y perseveremos para alcanzarlo, todo es posible.

5. Los amigos verdaderos sí existen y son completamente imperfectos

No importa si eres adicto al Omnictionary, que tus padres coleccionen Santa Claus negros o que tu sueño sea ser el más popular de la escuela; cuando hay amistad de verdad, lo distintos que seamos entre nosotros es indiferente. Y es que Ciudades de Papel nos demuestra el tipo de amistad inquebrantable. Nos enseña a esos amigos de verdad que por muy locas que sean nuestras ideas, no nos juzgarán ni nos pedirán explicaciones por nuestras elecciones cuando sean distintas a las de ellos. Nos demuestra que un amigo verdadero nunca te pedirá argumentos y entenderá que tu vida es tuya y que no es su rol entender o criticarte por cada decisión que tomas. 

6. No sólo existen ciudades de papel, también personas

A lo largo del libro, Quentin se va encontrando con diferentes tipos de personas. Conserva a esos inquebrantables amigos como lo son Radar y Ben, conoce a personas nuevas (y geniales) como Lacey, y a otras no tan geniales. Así, se da cuenta de que en el mundo no sólo existen ciudades de papel como Agloe, sino que también hay personas de papel; vacías, inexistentes, sin objetivos y sin metas. Eso le demuestra exactamente lo que NO quiere ser.

7. Los errores son lo que te van marcando el camino

¿Cuál es la enseñanza entonces? Que los errores son COMPLETAMENTE necesarios. Y es que hay veces en las que buscamos en el lugar equivocado, pero no lo sabremos hasta que lleguemos a ese lugar equivocado. Apostamos todas nuestra fichas a un sólo juego, creyendo que esa es la mejor opción, pero no sabremos que no es así hasta que hayamos perdido todas nuestras fichas. Por lo tanto, hay veces en las que tenemos que perdernos para encontrarnos. Sólo así, cuando hayamos tocado fondo, podremos ver con claridad.

Hay cosas que simplemente tenemos que vivir para aprender, no importa cuántas veces nos adviertan que estamos yendo por el camino equivocado.

8. La importancia de saber decir adiós

El punto de quiebre del libro se da cuando Q decide quedarse en Agloe a esperar a que Margo aparezca, mientras que todos sus amigos deciden regresar. En ese momento pensamos que Quentin ya se ha pasado de la raya, y que no está pudiendo manejar la situación. Sin embargo, nos calla la boca a todos cuando finalmente (sin un plan organizado), y después de todo lo que ha pasado, Margo le propone que se quede con ella y él le dice que no se imagina cuántas veces soñó con que le dijera eso, pero que debe irse. Y esa, a pesar de ser la decisión más difícil para Q, es definitivamente la mejor.

9. La felicidad es un viaje, no un destino

Esta lección de vida no puede estar mejor interpretada en el libro. Es casi literal.

Cuando Quentin, sus amigos y Lacey deciden embarcarse en el viaje en búsqueda de Margo, lo hacen con un propósito fijo (con el que supuestamente Q -por fin- será feliz): encontrar su paradero. Sin embargo, el propósito del viaje cambia completamente a medida que se desarrolla, ya que en él todos viven los más increíbles momentos, esos que jamás olvidarán.

Esto nos enseña que la felicidad no llega una vez que se alcanza una meta, sino que está está en el día a día, en esos increíbles instantes y que los momentos más memorables son los más ordinarios.

10. Todos nos merecemos un milagro

Cuando comienza el libro, Quentin dice que él cree que “todos nos merecemos un milagro” en la vida, o por lo menos algo especial. Con esto se refiere a que no necesariamente vamos a ganar la lotería, que encontraremos el elixir de la juventud o que nos ganaremos un viaje para recorrer todo el mundo en muchos años sabáticos, pero sí pequeñas cosas que nos harán felices y nos enseñarán el sentido de la vida, y que por eso, serán milagrosas o enormemente grandiosas.

11. No existen finales “felices”

O en realidad el final feliz es relativo. Quentin encontró a Margo y ella no lo estaba esperando con los brazos abiertos para que vivieran felices para siempre. De hecho, volvió solo a casa, sin nada de lo que había ido a buscar. Sin embargo, eso fue lo que lo hizo más feliz.

El final de las historias no tiene por qué ser como el de las películas mientras te haga bien y feliz.