La historia de Yasmine Koenig es dolorosa, y sin embargo, sigue siendo bastante común en países como Palestina. En estos lugares las niñas y adolescentes son obligadas a casarse cuando aún son muy pequeñas, usualmente con hombres vergonzosamente mayores, sólo porque tienen dinero y propiedades. Para los padres no hay mejor trato que casar a sus hijas, sin importar lo pequeñas o jóvenes que sean, con hombres que puedan mantenerlas.

Sin embargo, uno nunca pensaría que Yasmine, quien había nacido en Chicago, llegaría a pasar por algo como esto. Sus padres habían nacido en Palestina, pero habían llegado a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. Lamentablemente, su padre murió un par de años después debido a un accidente. Desde ese momento eran sólo sus hermanas, su madre y su abuela en casa.

loading...

Yasmine Koenig

Las cosas comenzaron a ponerse sospechosas cuando Yasmine cumplió 6 años. Ella amaba a sus hermanas mayores, y por sobre todo idolatraba a aquella con la que compartía su pieza. Pero un día, después de que su abuela descubriera un afiche de Usher sin camiseta en su cuarto, las cosas cambiaron para siempre. A Yasmine le dijeron que sus hermanas irían a Palestina a visitar a algunos familiares, pero las chicas nunca regresaron. Su madre decidió que se quedaran allá y que se casaran con algún hombre que les ofreciera hogar y comodidades.

Los años comenzaron a pasar y aunque Yasmine sentía mucho dolor por no poder ver a sus hermanas y por su situación, jamás imaginó que su propia madre la haría pasar lo mismo, especialmente porque parecía consentirla en cosas que jamás había consentido a sus hermanas. Sin embargo, al acabar el octavo grado las cosas cambiaron rotundamente.

loading...

Yasmine Koenig

Su madre rompió y botó toda la ropa que sentía que ya no era ‘apropiada’ para Yasmine, quien ya tenía 15 años. Con ello comenzaría una larga espera para comenzar su siguiente año de colegio, pero pronto se volvió evidente que no era una espera real: su madre no tenía intenciones de que ella siguiera su educación en el colegio, sus planes eran otros. La situación empeoró cuando se enteró de que Yasmine tenía un novio.

Al día siguiente había conseguido boletos de avión para ella, Yasmine y su abuela a Palestina. Su madre le aseguró que era sólo un viaje de un mes, pero Yasmine temía que nunca más volvería.

Al llegar a Palestina, sus hermanas la recibieron con mucho afecto, pero pronto comenzaron a peinarla y maquillarla. Al principio, a Yasmine le pareció divertido, porque su madre no le permitía usar maquillaje. Cuando preguntó el por qué, nadie quiso responderle y sólo le daban evasivas. A la casa vinieron dos hombres diferentes, acompañados de sus familias. Aparentemente querían verla y la saludaban en su idioma, uno que Yasmine no comprendía porque siempre había hablado inglés.

Pronto la chica comprendió lo que sucedía: su madre la había traído a Palestina para que se casara. Tenía sólo 15 años, no había terminado el colegio y estaba atrapada sin dinero y sin su pasaporte.

Yasmine Koenig

Yasmine se casó contra su voluntad, y gracias a que su esposo no era violento, comenzó a usar sus migrañas como excusa para que el hombre no se acercara a ella y no la tocara. Con la ayuda de un computador con acceso a internet pudo contactarse con sus amigos en Estados Unidos, quienes le dieron el teléfono de la embajada estadounidense en Palestina.

El 14 de octubre finalmente se decidió a hacer la llamada, y fue allí que se dio cuenta de que no sabía el apellido de su esposo y tampoco conocía la dirección del lugar donde vivía. Aún así, y sin poder dar mayores pruebas de ser una ciudadana estadounidense, las personas de la embajada decidieron ayudarla de igual forma. Durante dos meses Yasmine se comunicó con un hombre llamado Mohammed que trabajaba en la embajada y quien le prometió darle la ayuda necesaria.

El 3 de diciembre la embajada finalmente logró tener toda la información necesaria y fueron a recogerla en un taxi. En un par de horas más, Yasmine se encontraría en un avión, volando hacia Estados Unidos completamente sola.

Al llegar, entró en el sistema de Acogida de Menores, por ser menor de edad. Tuvo diferentes familias adoptivas, y aunque ninguna era mala, ninguna era genial tampoco. Yasmine tomaba lo que le daban y trataba de mantenerse con esperanzas hasta cumplir los 18 y poder independizarse.

Yasmine tuvo que testificar contra su madre en la corte, para que de esta forma se determinara que su madre no tenía control sobre ella, así como tampoco el poder de cuidarla, dejando su tutela a manos del gobierno y el sistema de acogida.

En este momento, la chica ya no tenía muchas esperanzas, sin embargo, el destino le tenía preparada una sorpresa para alegrarle el corazón. Un matrimonio quiso ser la nueva, y cuarta, familia guardadora de Yasmine. Ellos eran Carrie y Marvin y ya tenían dos hijos, ambos con capacidades diferentes. Yasmine decidió resignarse y vivir con ellos hasta los 18, pero lo que sucedió un año después lo cambió todo.

loading...

Yasmine Koenig

Sus padres de acogida se habían encariñado tanto con ella que cuando Yasmine cumplió 17, se ofrecieron a adoptarla. Yasmine no se pudo negar, especialmente tomando en cuenta que era el primer hogar en el que se había sentido amada, acogida y resguardada. Fue así que su madre cedió sus derechos de maternidad a Carrie y Marvin y aunque Yasmine recuerda haberse sentido triste por su abandono, también se sentía feliz por la nueva vida que estaba por comenzar.

Actualmente Yasmine se graduó del colegio. Vive con Carrie, Marvin y sus dos hermanos adoptivos y pronto irá a la universidad. No hace mucho descubrió que la Universidad del Estado de Illinois le había dado una beca, por lo que podrá estudiar gratis lo que ella quiera.

loading...

Yasmine Koenig

¿Su opción? Periodismo, porque no quiere olvidar que fueron los mensajes, las palabras y las comunicaciones lo que la salvó de un terrible futuro como novia adolescente. Dede ahora en adelante, Yasmine puede escoger quién ser, cómo ser y aún más importante, con quién vivir y si es que alguna vez querrá casarse o no.