Probablemente te gustan las cosas dulces como los pasteles, panqueques, caramelos o chocolate, entre otras cosas. Quizá también crees que el exceso de consumo de azúcar sólo puede afectar a tu organismo a nivel de sangre o peso. Pero no, no es así. Comer tanta azúcar no sólo afecta a tu organismo, sino que también a tu piel.

De hecho, según el doctor Lipman, de el sitio “Be Well”, cuando los pacientes acuden a la consulta por problemas de irritación, inflamación, u otras complicaciones de la piel, siempre se examina la cantidad de azúcar que tienen en el cuerpo. Pero, ¿por qué tanto cuidado con el azúcar? ¿qué provoca?

En primer lugar, la excesiva ingesta de azúcar puede provocar la aparición de granitos en tu piel. ¿Cómo? Lipman explica que cuando comes azúcar, el azúcar en tu sangre aumenta y provoca que tu cuerpo libere insulina, que ayuda a que la glucosa se almacene en las células. Esto aumenta considerablemente si el consumo es excesivo.

De hecho, el exceso de insulina en tu cuerpo provoca que tu piel se vuelva grasa y, por lo tanto, comience la creación de esos molestos granitos en tu piel. Según un estudio, las dietas altas en azúcar están relacionadas con la aparición de granitos.

Así mismo, el excesivo consumo de azúcar también puede provocar que tu piel se hinche con más facilidad, o esté más propensa a tener rosácea, acné, eczema, o palidez. De hecho, también influye en cómo luce tu cara. Así que, si tienes la cara hinchada, ya sabes que debes dejar un poco el azúcar.

Por otro lado, consumir azúcar en altos niveles también puede repercutir en el envejecimiento facial prematuro. No te servirán de nada las cremas o lociones anti envejecimiento si todos los días consumes demasiada azúcar. ¿Por qué? Porque el exceso de azúcar en tu cuerpo causa inflamación, y la inflamación provoca que tu cuerpo se “oxide” y tu piel tienda a envejecer más rápido y pierda elasticidad.

Así que, si quieres evitar lucir como una pasa, o evitar esos molestos granitos, entonces procura ver bien qué es lo que comes. Puedes reducir el azúcar poco a poco, evitando las bebidas gaseosas o los chocolates demasiado dulces. Bebe más agua (unos dos litros diarios), come más frutas y vegetales (aunque come tomate o frutilla en menor cantidad) y, sobre todo, cuida más de tu salud.

Inténtalo.