Es verdad que una parte de ti se desmorona cuando enfrentas la cruda realidad de quedarte sola y con una responsabilidad enorme, no sabes qué hacer, entras en pánico por unos segundos hasta que volteas a ver esa carita angelical de la cual recuerdas estás perdidamente enamorada. Inhalas, exhalas y te das cuenta de que debes ser fuerte, valiente, salir adelante con tu hija, precavida de una próxima relación porque no quieres que tu bebé salga lastimado pues debes elegir a alguien que entienda que esta relación que está aceptando es de tres.

Al principio será difícil, más no imposible. Cuando sientas que ya no puedes más y estés a punto de tirar la toalla escucharás ese “te amo mamá” y continuarás tu camino.

Cuando las personas te preguntan si eres casada, puedes darte cuenta del gesto que hace su rostro al escuchar tu respuesta de “no, soy madre soltera”; ese gesto que incomoda, ese gesto que te hace pensar y querer decirles que no por ser madre soltera eres una fracasada, sino que simplemente de una mala relación resultó una personita que se convirtió en tu vida entera y aunque no estaba planeada, fue hecha con amor pensando que su padre y tú estarían juntos siempre y formarían una familia. Pero te equivocaste y no por eso te conformas.

Creo que todos merecemos una segunda oportunidad, por eso sigues soñando despierta, deseando darle a tu pequeña esa familia que debió tener desde que nació.

Quizás algún día llegue una persona indicada para ti, que quiera a tu hija tanto como a ti, pero por lo pronto esfuérzate por lograr tus sueños, cumplir tus objetivos, y lo más importante: ver a tu hija sonreír siempre.