¡LAS GROSERÍAS SON GENIALES! Si no piensas lo mismo, probablemente deberías entender que hay personas a las que nos encantan, porque no hay palabras que puedan contener tanta emoción, cultura y significado en ellas. Sin embargo, a veces el amor por las groserías es complicado… Sobre todo en situaciones en que “no son bien vistas”, porque tus ganas de utilizarlas son mucho más grandes que las formalidades del mundo civilizado. Y estos son 15 momentos muy incómodos que de seguro entenderás:

1. Cuando prometes que no vas a decir groserías… Y rompes la promesa en un segundo

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2. Así que intentas no decir *tantas* groserías (lo que tampoco funciona)

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3. Cuando estás cerca de un niño y SABES que por una cuestión de respeto tienes que no decir groserías

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4. Cuando dijiste tu primera grosería frente a tu familia

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5. Cuando tienes que conversar con tu jefe y editar la mitad de las palabras que vienen a tu cabeza, porque son todas groserías

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6. Cuando estás en la mesa con tu familia y todo lo que dicen te hace querer gritar groserías hasta que se caiga el cielo

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7. Cuando se te escapa una grosería en frente de una persona con la que aún no tienes tanta confianza

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8. Cuando intentas reemplazar tus groserías por palabras suaves y te das cuenta que suenan asqueroso

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9. Cuando no sabes si estás en confianza con una persona para empezar a usar tu boca en modo suciedad absoluta

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10. Cuando tienes que morderte la lengua para no gritar groserías porque estás en una situación que no lo permite

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11. Cuando estás dando el ejemplo y tienes que recurrir a groserías no verbales

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12. Cuando te asustas y la única palabra que viene a tu mente es una grosería

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13. Cuando quieres impresionar a alguien y tienes que evitar todas esas palabras

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14. Cuando te dicen que las groserías no son para nada atractivas y se desata el infierno de las malas palabras en tu cabeza

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15. Y por último, cuando escuchas una grabación en la que hablas y descubres que EN VERDAD usas muchas groserías

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¿Pero a quién le importa? ¡Las groserías son para usarlas!