Ni las palabras ni los ladridos son necesarios para que un niño con autismo pueda comunicarse con Hooch, un bulldog sin cuerdas vocales. Tan solo basta con un abrazo para que el entendimiento sea mutuo. Hooch sabe que el niño nunca le dirá “te quiero”, que le cuesta mucho poder hacerlo. Hooch lo sabe porque él también vivió lo mismo, y porque además, él recién se está iniciando en esto de sentir amor por alguien más.

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Zach Skow

 

Cuando los rescatistas del grupo Marley Mutts hallaron a Hooch en un refugio de animales del sur de California, de inmediato pensaron que no se trataba de un perro más. Los abusos que había sufrido, probablemente en la calle, lo tenían dañado, tanto físicamente como emocionalmente.

Lo primero que les llamó la atención fue lo delgado que estaba Hooch para tratarse de un bulldog. Pero lo segundo era aún peor, y fue algo que descubrieron apenas Hooch abrió su boca:

Su lengua estaba cortada desde la base.

Al no poder usar su lengua, Hooch apenas podía procesar la comida, y eso explicaba su extrema delgadez. Y más grave aún, era el hecho de que el pobre cachorro estaba impedido de tomar agua con normalidad.

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Alimentarlo no era una tarea sencilla: había una posibilidad de enviarle comida al cuerpo a través de una sonda que pasara por su cuello, pero el perro se resistió a esa medida. Incluso pensaron en ponerlo en silla Bailey, un asiento que sostiene a los perros mientras la gravedad se encarga de envíale comida al estómago. Nada parecía funcionar.

Al final, y gracias a uno de los veterinarios del lugar, Andrea Bertolucci, se pudo hallar la forma de alimentarlo mediante croquetas que el mismo veterinario le introducía, ¿cómo? Fácil, era solo cosa de ponerle la mano en la garganta y desde allí lanzarle el alimento.

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Ya solucionado el problema de la comida, había que encontrar la forma de darle agua, y para eso se optó por una curiosa medida: sumergir el rostro de Hooch en un cubo de agua para que así pudiera hidratarse.

Pero uno de los mayores problemas que enfrentaba Hooch era la imposibilidad de tragarse su propia saliva; él no podía dejar de babear, por lo que era incapaz de controlar su propia temperatura corporal.

“Él tiene que quedarse en casa la mayor parte del tiempo en el verano porque se sobrecalienta y no puede regular su propia temperatura corporal por jadeo”

-Amy Klein, de Marley Mutts –

Además de todos esos problemas, Hooch tenía las cuerdas vocales practicamente nulas; él no podía ladrar ni emitir sonido alguno.

Y por último, y quizás lo más triste de todo, es que Hooch no podía dar lengüetazos como besos. Pero ¡ojo! que él sí era muy bueno dando abrazos…

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Zach Skow

Y ahora viene la mejor parte de todas…

Luego de que Hooch fuera rescatado y sanado, fue adoptado por Zach Skow, dueño y fundador de Marley`s Mutt, y fue él quien tuvo la idea de hacer de Hooch un perro de terapia para niños con autismo.

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En la actualidad, los perros de terapia son muy usados por las comunidades y centros comunitarios para el tratamiento de niños con autismo, estos aprenden junto a su perro a relacionarse con los demás seres y dejan un poco de lado su mundo interno.

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Y así es como hoy vemos a Hoock, un perro que ante la imposibilidad de poder comunicarse, se encarga de abrazar y ayudar a aquellos niños que tampoco pueden comunicarse con facilidad.

La vida ha comenzado a sonreír para Hooch, y esperemos que así como él encontró una forma de sanarse y dar amor, sean miles los niños que la encuentren.

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Zach Skow