Bien dicen que las apariencias engañan y esto lo comprobó por completo Tamara Samsonova, una abuelita rusa de casi 70 años, que parecía ser una tímida e inocente señora. Pero, fue captada por cámaras botando los restos de su amiga, los cuales cocinó en una olla para después arrojarlos a la basura. Antes de eso la drogó con 50 pastillas para dormir, los cuales aplastó y echó en una ensalada. Realmente espeluznante. Con esto, la policía al fin dio con el paradero de la abuelita “caníbal”.

El comité de Investigaciones de Rusia, el equivalente al FBI americano, está metido en este caso que ha dejado hasta a los propios rusos, con los pelos de punta, después de que una abuelita, que a simple vista es inofensiva, y a la cual sus vecinos han descrito como “una mujer de buen corazón”,  mató a su amiga y cuidadora, Valentina Ulanova de 79 años. 

La mujer lo planeó todo. Le preparó una rica ensalada, la cual “condimentó” con 50 pastillas para dormir y de esa forma drogarla, no sin antes tener una fuerte discusión. Después, con una sierra de mano, la cortó a pedazos y después frió sus partes en un sartén para luego echarla en bolsas plásticas y a la basura.

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Criminalia

Fuentes de la policía rusa afirman que la abuelita ha estado involucrada en otros asesinatos incluyendo el de su esposo y su suegra. Un extracto que encontraron en su diario dice: “maté a mi inquilino Volodya, lo corté en pedazos en el baño con un cuchillo, puse sus restos en bolsas de plástico y las bote en distintos lugares en el distrito de Frunzensky”.

Samsonova, quien en algún momento trabajó en un hotel muy prestigioso en San Petersburgo, confesó a la policía que ella era la responsable por la muerte de su “amiga” Ulanova, pero no quizo aceptar la culpa en los otros 10 asesinatos, los cuales ella misma aseguró haber sido la culpable en sus diarios, todos escritos en inglés, ruso y alemán.

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Al mismo tiempo, la policía rusa ha dicho que “de repente jamás sepan el por qué de sus horribles acciones”. También se supo que Samsnova sufre de esquizofrenia paranoide y fue enviada por mucho tiempo a un terrible hospital mental en la época de Unión Soviética.

Tras ser detenida, no se mostró avergonzada o arrepentida. Sólo le preocupa que ahora todos los vecinos “se van a enterar”. Al ser fotografiada por la prensa en los juzgados, lanzó un beso a los investigadores.

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Finalmente al juez le dijo:

“Me he estado preparando toda mi vida para esta vista, señoría, durante décadas, lo hice todo deliberadamente. No hay manera de vivir, con este último asesinato cierro un capítulo. Usted decide. Al fin y al cabo, soy culpable, merezco un castigo”.

Al notificarle el juez que iba a quedar en prisión bajo custodia, la abuela sonrió y dio una palmada nerviosa con las manos.

Qué hecho más tétrico, ¿no? Esperemos que la familia de su “amiga” Ulanova y de las otras 10 víctimas logren hacer justicia.