Los mahouts o cornacas son personas que se dedican al manejo de elefantes, una práctica muy común en el sudeste asiático, en donde incluso hay personas que acompañadas de sus elefantes se dedican a esto como un trabajo. Así es como comienza la historia de Mae Kam, una elefante que ahora tiene una vida completamente diferente.

Mae Kam es una elefante que durante décadas trabajó como parte de la explotación forestal tailandesa y dando paseos a turistas en su lomo.

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En ambos casos, esta elefante fue forzada a realizar su trabajo a través de la violencia que en estos sectores es algo bastante común, sin embargo fue desde la pérdida de su segunda cría Mae Kam que nunca volvió a ser la misma de antes. Ella vio como su cría era mordida por una cobra mientras las cadenas en sus patas le impedían socorrerla, luego de un grito desgarrador su cornaca la liberó, pero ya era demasiado tarde.

La elefante se negaba completamente a realizar su trabajo, sacudiéndose a todos los turistas que se montaban en su lomo.

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Mae Kam se hizo conocida por tener un fuerte temperamento, ya que ni siquiera con las punzadas de los clavos amarrados en palos de bambú accedía a realizar el que era su trabajo. Es entonces que Emily McWilliam y Burm Rinkaew, co-fundadores del santuario para elefantes llamado BEES, decidieron hacerse cargo.

Al principio no fue fácil, el dueño de Mae Kam no quería entregarla y ella tampoco parecía dispuesta a adaptarse.

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El dueño de Mae Kam solo permitió que ella fuera rescatada cuando Emily y Burm le ofrecieron dinero para “rentarla” y así mantenerla en el santuario. Pero no fue fácil, ya que no se relacionaba muy bien con los humanos, sin embargo con el tiempo fue adquiriendo su libertad nuevamente, rascándose en los árboles o rocas que ella quisiera, algo que antes no podía hacer.

Dos meses después conoció a Mae Jumpee, otra elefante retirada que luego sería su compañera inseparable.

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Mae Jumpee tenía una historia laboral muy parecida a la de Mae Kam, sin embargo, sus cuidadores no estaban seguros de si estas dos elefantes iban a poder relacionarse, ya que Mae Kam estaba realmente dañada. Sin embargo, lo hicieron y ambas elefantes los sorprendieron.

Luego de un intento fallido, Mae Kam y Mae Jumpee se convirtieron en todo lo que necesitaban.

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La primera vez que se conocieron, Mae Kam estaba dudosa y bastó con que Mae Jumpee tocara su trompa para que ella saliera corriendo. Sin embargo, la segunda vez fue mágica. Se olieron, se acariciaron y se conectaron a un nivel impresionante, porque desde entonces no se han vuelto a separar. Salen a dar largos paseos juntas, se dan baños de lodo juntas, incluso se dan turnos para rascarse la una a la otra.

“Fue un lazo que se formó instantáneamente, similar a cuando los humanos encuentran su alma gemela” dicen sus cuidadores.

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Ambas elefantes parecían tener sus vidas condenadas a morir trabajando, sin embargo gracias al trabajo de organizaciones como BEES, ahora ambas están felices y encontraron algo muy parecido al amor.

Así es, amores como este es todo lo que el mundo necesita.