Te escribo estas líneas no en son de reclamo sino como himno de victoria de mi corazón. Nunca llegarás a amarme, ¡qué lástima que esa frase no es ficción! Lo supe. Lo sabía y lo acepté. Me conformé con recibir de ti una mirada, de esas que me congelan hasta hacerme olvidar la más triste situación. Me dolió que nunca llegarás a mirarme así. Me conformé con escuchar historias de tus amores pasados, a ser la persona que estuviera dispuesta a darte lo que necesitaras, intentar convertirme en quien alumbrara tu alma.

También fallé.

No eres un monstruo. Desde un principio fuiste muy claro: ¡no quiero una relación! Fui yo la que quería cambiar tus palabras. Fui yo quien insistió en pelear una batalla cuando la guerra ya estaba perdida pero, ¿sabes qué? No me arrepiento.

Me dolió tu indiferencia y la agradezco, me hizo sacar lo mejor de mí, aquello que quería usar para deslumbrarte pero al final a quien deslumbró fue a mí.

¡Gracias! Porque me recordaste de lo mucho que puedo sonreír sin ti. Era feliz antes de conocerte y soy más feliz ahora que en mi vida no estarás. Buscándote me encontré a mí. Soy aquella persona que ahora conoce el valor que tiene.

Nuevamente, ¡te lo agradezco! Lo había olvidado. Por mucho tiempo dejé que muchos dictaran qué podía hacer, quién ser pero ya no. Mi voz nunca más será callada y menos por mí. Me negaste tu amor porque no podías brindármelo, pero me diste el mejor regalo, me recordaste mi libertad.

Nunca más construiré muros a mi alrededor nunca más pondré barreras a mi corazón, nunca más dejaré escapar un sueño, nunca volveré a olvidar quién soy. Puede ser que esté herida pero sanaré. Ahora soy más fuerte que ayer.