Quiero partir diciendo que no creo que el amor romántico sea el más importante de todos, sin embargo, es probablemente el que buscamos con más anhelo. Todo el mundo tiene amistades importantes, todos podemos tener una conexión profunda con nuestros hermanos, todos podemos amarnos a nosotros mismos pero… ¿cuántos logran tener una relación amorosa que realmente cumpla con sus expectativas? He ahí el dilema. El problema, el primero de muchos, es esa misma palabra: expectativas.

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Desde pequeñ@s se nos cuenta esta idea de que en algún punto encontraremos a un hombre o a una mujer que será perfecto para nosotros. Nos entenderá como nadie, no tendremos que hablar, comprenderá cada uno de nuestros gestos, nos hará felices, nunca discutiremos con esta persona. En definitiva, será nuestra alma gemela y nos parecerá que estábamos destinados a conocer a esta persona desde el momento en el que nacimos. Bueno, te tengo malas noticias: esta persona no existe y esa es la razón por la que sigues sin encontrarla.

Lo que sí existe (todo tiene un lado bueno) son personas comunes y corrientes que aprendes a amar con defectos y virtudes y que te aman de forma imperfecta y se esfuerzan en crecer contigo. Hay discusiones y reconciliaciones, hay espacios a solas y espacios en conjunto y, por sobretodo, existe el entendimiento de que las cosas no son como en las películas ni debiesen serlo.

¿Sigues en busca del amor verdadero? Entonces prueba alguna de estas tres cosas, porque de seguro aún no las has intentado.

1. Comprende, desde el minuto uno, que nadie podrá completarte ni hacerte sentir mejor sobre ti misma

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Ya eres un ser humano completo. La persona que entre a tu vida le añadirá cosas, pero no podrá entregarte elementos esenciales. Tu autoestima, tu amor por ti misma, tus pasatiempos, la forma en la que te ves a ti misma y los sueños para el futuro son tuyos. Debieses tenerlos independiente de si estás soltera o en pareja. De esta forma, jamás le pondrás este peso insoportable en los hombros de alguien más: el peso de definirte, controlarte y darte rumbo. Así la relación fluirá de forma libre sin ahogarse.

2. Nunca asumas, siempre pregunta

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Preferimos asumir porque es más fácil. También lo preferimos porque sentimos que preguntar nos hace quedar como ‘tontos’. Si hay algo que he aprendido es que una pregunta puede solucionar un conflicto en un segundo, mientras que asumir puede acabar con una relación en sólo cuestión de semanas. ¿Cómo más sabrás si todo va bien si nunca preguntas?

3. Ábrete a las posibilidades, incluso si crees que es una locura

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¿Te ha pasado que no quieres salir con alguien porque es muy diferente a ti? ¿o simplemente no te puedes imaginar cómo esa persona podría encajar en tu vida? Muchas veces las personas que son diferentes a nosotros nos aportan mucho más que alguien que es prácticamente nuestro clon. Ábrete a las posibilidades, puede que funcione, puede que no, pero si no lo intentas nunca lo sabrás. De vez en cuando, necesitas un yin para tu yang y si sigues saliendo con personas que son la copia fantasmagórica de tu reflejo en el espejo, no lo encontrarás.

Por supuesto que amar a alguien da miedo. Es algo que nos hace vulnerables y nos deja expuestos, pero hay que recordar que sólo tenemos una vida y si no te atreves a vivir ahora, nunca lo harás.