Ahora que estoy al otro lado del río puedo verlo con total calma, puedo ver el agua como fluye y penetra las entrañas mismas de la vida y veo, sin dolor ya, nuestra historia juntos y sólo puedo llegar a lamentar una sola cosa y es no haberte amado menos, haberte amado mejor.

El tiempo me ha enseñado a estar sin ti o ya me he acostumbrado a no estar para ti, a disfrutar de mi vida sin estar atada a la tuya y escribo atada por qué fue lo que hice contigo, aferrarme con piel y sentimiento, con vida y alma a ti, te di todo mi amor, lo di a manos llenas, mi felicidad era verte feliz, mi soledad era no estar contigo, mi tranquilidad era sentirte a mi lado, te inunde de amor, tanto que te ahogue y me olvide de mí.

Afortunada me sentía, pues había encontrado el amor de mi vida, los astros se alinearon a mi favor, mi destino estaba escrito, eras tú, eras ese, eras el indicado, si amar era verte feliz, si amar era soñarte, si amar era amarte como yo lo hacía, entonces mi vida estaba completa.

No sé si recuerdas como yo te miraba, no sé si extrañas como era sentirme a tu lado, porque yo si recuerdo la tuya y si recuerdo cómo me sentía, era una sensación sublime y celestial, nada comparado con lo terrenal algo que nunca había sentido.

¿Y yo? yo sólo esperaba que me amaras tanto como yo a ti, algo que tú muy estratégicamente no te permitiste.  No entendí las señales o no quise atenderlas, tus silencios, tu falta de interés, tu frío amor, pero sólo te disculpe creyendo que era tu manera de amarme.

Me enamoré como yo quise, con toda la fe en alguien del que se espera todo, me enamoré a rienda suelta con toda la esperanza que algún día te quisieras quedar en esta vida conmigo. Me enamore,  sólo eso sé, te amé dormida y despierta, lejos y cerca, presente y ausente. Te amé como sólo aman los valientes, los que apostamos a ganar sin importar perder la vida en la primera batalla.

Ahora tengo una historia más para contar en mis noches bohemias, un trozo de novela que no se escribió, una parte de mi vida con banda sonora propia.

Tarde aprendí que amar es ser egoísta, porque si te hubiera amado tal cual como tú a mí, mis noches en vela y tardes de tristeza hubieran sido un par y no la eternidad que me ha costado olvidarte.