Para muchas personas sólo basta con imaginarse la situación para esbozar una sonrisa. Estás en una relación, las cosas van bien, ambos se aman profundamente y, luego del diálogo correspondiente, los dos acuerdan que el próximo paso es irse a vivir juntos. Realmente parece perfecto: te imaginas compartiendo día a día junto a tu pareja en un ambiente de paz y armonía. Nada puede ser mejor. ¿No es así?

Pues, a veces la realidad es muy diferente de lo que imaginamos. Lo que ocurre con mayor frecuencia es que comienzan a aparecer las dificultades propias de la convivencia y para sobrellevarlas de buena manera siempre hay que hacer algo al respecto. Nada se soluciona por arte de magia.

Estos son los 8 problemas más habituales que surgen al mudarte junto a tu pareja, y sus respectivas soluciones.

1. Lidiar con las expectativas iniciales

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En un principio todo es color de rosas. Nos imaginamos lejos la mejor etapa de nuestras vidas y creemos que nada podrá entorpecer la convivencia. Sin embargo, al mudarnos junto a nuestra pareja, nos encontramos tanto con una versión más real de nosotros mismos, como también de la otra persona. Eso puede provocar roces y problemas que debemos tener en cuenta. Para prevenir esta situación, es importante hacerse la idea de que nada es tan perfecto como lo imaginamos en un comienzo, y eso también tiene su gracia. Lidiar con los problemas es parte de una relación fructífera.

2. La dificultad de compartir decisiones

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Antes las decisiones se tomaban individualmente. Ahora, sin embrago, estas deben compartirse y son dos personas las que necesitan estar de acuerdo. Eso no es fácil y la comunicación clara y honesta surge como una carta fundamental a la hora de evitar roces.

3. Falta de espacio

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El espacio podrá reducirse, pero depende de uno que eso no se convierta en un problema. A veces las parejas se cansan de encontrarse tan a menudo en los pasillos o en la sala de estar, sin embargo, no es realmente un problema de lugar, sino de vínculo con la otra persona. Si yo estoy bien con ella, entonces no habrá problema en compartir el espacio juntos.

4. La forma de resolver los problemas

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Es muy diferente resolver los problemas estando por separado que viviendo bajo el mismo techo. La distinción más importante es que en la segunda ocasión no podemos simplemente discutir y largarnos. Más bien, debemos permanecer en el mismo lugar y continuar el uno al lado del otro. Por eso es que enfrentar los problemas cuanto antes y no escapar de ninguna situación se vuelve fundamental al momento de mudarnos junto a nuestra pareja.

5. Tener miedo al próximo paso

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Puede ser un hijo, el matrimonio, o ambas. Y temerle a esas opciones es altamente natural. Sin embargo, debemos saber que son parte de las posibilidades y confiar en que si es estamos junto a nuestra pareja, es por algo. Esa es la persona que hemos elegido, y esa es la persona a la que amamos. Confiemos en aquello.

6. La diferencia de gustos e intereses

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Comienza con la decoración y sigue hasta la comida, el orden de la pieza o del baño. Los gustos no son generalmente los mismos y generan más de un dolor de cabeza. Juntos pueden trabajar y encontrar el punto medio. Con trabajo de a dos descubrirán rápidamente cuál ese límite en el que ambos se sienten a gusto.

7. La intimidad

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Con la rutina, la intimidad suele perderse con facilidad. Sin embargo, es clave que ambos mantengan la chispa y la química a la hora de las relaciones sexuales. Es responsabilidad de los dos y no tiene por qué ser un problema.

8. El dinero

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El orden y la responsabilidad financiera es clave. El dinero suele ser un problema gigantesco al momento de irse a vivir juntos. Por eso, la organización y estabilidad es clave. Sugerencias a este problema pueden ser hacer un plan mensual de gastos e ingresos y ver cómo y en qué aspectos pueden ahorrar.

¿Qué opinas al respecto?