El mundo natural del que dependemos se está destruyendo, y según un nuevo reporte, más rápido de lo que pensamos. Este análisis hecho por la WWF y la Sociedad Zoológica de Londres indica que la población animal ya se había reducido en un 58% entre 1970 y 2012, y para el 2020 alcanzaría el 67%. ¿Y por qué? Por la destrucción de los hábitat salvajes, la caza, y por supuesto, por la contaminación.

Los ríos, montañas y bosques perderán a sus criaturas entre las que figuran elefantes, buitres, salamandras y hasta gorilas.

El impacto será tal que los expertos ya hablan de una nueva era geológica: el Antropoceno, donde el humano domina el planeta. Esto no tiene nada de positivo, pues significa que hemos llegado a un punto de saturación. Lo que muchos olvidamos es que no estamos solos, y necesitamos de la diversidad en la tierra.

“La vida apoya a la vida en sí y todos somos partes de la misma ecuación. Al perder parte de la biodiversidad, tanto la naturaleza como nuestro soporte vital colapsará”.

-Marco Lambertini- Director general de la WWF.

14.000 poblaciones que son parte de las 3.700 especies de vertebrados fueron evaluadas y los resultados permitieron analizar el estado de las 64.000 especies animales del mundo.

El dato más preocupante revela lo que muchos se niegan a ver: es nuestra culpa. La principal causa de esta terrible realidad es la destrucción de áreas silvestres para la agricultura y la tala.

Luego, vienen la caza furtiva y la explotación de alimentos. Solamente un 15% de la naturaleza está protegida de nosotros y más de 300 especies de mamíferos son consumidos a pesar de que están en peligro de extinción. Mientras tanto la contaminación continúa matando a ballenas y delfines europeos con residuos industriales y a buitres del sudeste asiático por fármacos anti-inflamatorios presentes en el ganado vacuno que consumen. Los que peor están son los anfibios, quienes sufren el mayor descenso de todos los animales por una enfermedad de hongos que podría venir del comercio de ranas y tritones.

La extracción de agua, la polución y las represas tienen a los ríos y lagos con poblaciones que van por debajo del 81% desde 1970. Los números hablan por si solos.

Todo esto empeora por el calentamiento global y lo que los investigadores temen es que esta realidad pueda provocar conflictos humanos: los recursos naturales de los que dependemos se ven amenazados, y eso aumenta el riesgo de la inseguridad alimentaria, inundaciones y de la competencia por los recursos naturales.

¿Podemos hacer algo? Podemos. No todos los datos son negativos y hay que aferrarse a ellos para lograr un cambio… pero rápido.

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Existen especies que se están recuperando, como los tigres, los linces eurasiáticos y los pandas gigantes. Estos últimos incluso lograron salir de la lista de especies en peligro.

Además, una reciente cumbre mundial sobre la vida silvestre introdujo una nueva protección para los pangolines (los mamíferos más traficados del mundo) y los palisandro (el producto silvestre más traficado).

Consumir menos carne y enfocarse en políticas sostenibles son sólo algunas de las recomendaciones que hacen los encargados de este estudio. Además, enfatizan en que no hay que desesperarse, pero sí hay que actuar, porque el medio ambiente no sólo nos da oxígeno, agua y comida… nos da inspiración, paz, aprendizaje y felicidad.

¿Haremos algo al respecto?