Dispuestos a todo con tal de conseguir sus objetivos militares, los espartanos fueron reconocidos como unos de los grandes guerreros de la historia. Su temeridad y resistencia, lograron que el campo de batalla les resultara casi un día de campo. Hoy por hoy, la literatura y el cine nos han permitido conocer un poco más sobre la vida en Esparta, pero, ¿sabes qué características tenía su educación? Acompáñame a conocerlas.

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Hasta el siglo VIII a.C. la rutina en Esparta no fue muy distinta a la del resto de las ciudades griegas. En este lapso, se consolida como una tierra próspera y agradable a la que los poetas acudían con regularidad. Sin embargo, una vez extendido su territorio en el Peloponeso, los espartanos optaron por cambiar radicalmente su estilo de vida para aumentar su poderío. ¿La clave? Una educación rígida con tintes de militarismo brutal.

La formación

El ciudadano debería entender que, antes de cualquier cosa, su deber era ser soldado. Para ello, los niños espartanos vivía con sus familias hasta los siete años y  posteriormente eran educados hasta los veinte en instituciones públicas. Los infantes eran agrupados conforme a su edad y estaban a cargo de irenos-jefes, es decir, aquellos jóvenes que eran elegidos entre los mejores. Éstos, se hacían cargo de “monitorear” a sus compañeros inexpertos y después notificar a sus superiores sobre el avance o retroceso de cada uno. Sobra decir que las actividades tenían una preponderancia física y dejaban de lado el cultivo de las letras.

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En estos grupos, denominados agele, los niños tenían que superar distintas etapas de formación, cuyo principal objetivo era hacerlos resistentes y capaces de sobrevivir en las condiciones más extremas. Desde que ingresaban, por ejemplo, a los niños se les permitía utilizar sólo una túnica (durante varios años) y tenían que estar descalzos para lograr acostumbrarse al frío y con ello, aprender a trabajar ante un clima adverso.

Según los registros de Plutarco, la mayoría de los niños vigilaba al resto de sus compañeros para detectar cualquier atisbo de debilidad que pudiera ser utilizados en su contra en un futuro.

Juegos macabros

Uno de los juegos más socorridos dentro de las  agele era “robar el queso”. Para la dinámica” era necesario que los niños formaran dos grupos: uno que tratara de robar el queso (casi siempre algún fruto u objeto de tamaño proporcional) y otro que lo evitara a base de latigazos. No son escasos los episodios en que los jugadores murieran en el intento. Con ésto, quedaba en evidencia quiénes sí y quiénes no podían ser guerreros espartanos.

La sopa de sangre

Además de las condiciones extremas de vida y los juegos violentos, los niños espartanos enfrentaban dificultades en los aspectos más básicos, como la alimentación. La cocina estaba a cargo de los esclavos (iliotas) quienes preparaban platillos con alimentos en estado de descomposición o, en un día de suerte, un poco de carne fresca.

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Precisamente a base de carne, era elaborado uno de los platillos más  famosos dentro de las agele: el caldo de sangre. Cuyos ingredientes no eran más que, trozos de cerdo bañados en un espeso mar del líquido rojo. Además del impacto visual (imagina desayunar un caldo de sangre) el alimento no contaba con los nutrientes necesarios y era servido en cantidades muy pequeñas, con el fin de que los jóvenes se vieran obligados a robar la comida de sus compañeros para poder sobrevivir. Resultando que, aquellos que se atrevían a hurtar eran castigados con el azote de ser descubiertos, pero quienes se rehusaban a hacerlo sufrían un castigo aún peor: la muerte por desnutrición.

¿Qué pasaba después?

El porcentaje mínimo de jóvenes que lograba “regresar” de las agele, se incorporaba al ejército espartano y prestaba servicio por casi treinta años. De manera que, aquellos pocos que sobrevivían al proceso formativo y a las cruentas batallas, permanecían en reserva en su vejez o, si gozaban de capital, se abrían camino en la vida política.

Desde luego, los hombres maduros, sorprendentemente orgullosos de su “educación”, continuaban el ciclo y enviaban a sus hijos a los agele, aún estando conscientes de las vicisitudes que pasarían y de lo probable que su muerte resultaba.

La formación en las mujeres

Después de haber leído un poco sobre la formación espartana, es natural que el lector se pregunte cómo es que una madre permitía que su hijo sufriera semejantes tormentos. Para responder, habría que resaltar que es precisamente ese uno de los pilares trascendentales en la formación de la mujer en Esparta: eliminar la sensibilidad para que sean capaces de darlo todo por su país.

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Desde pequeñas, las mujeres eran “concientizadas” sobre la inferioridad de su género y tenían que adoptar como única meta de vida, la de parir soldados fuertes y ser madres robustas. Por cierto, he olvidado mencionar que los padres de todas aquellas criaturas que nacieran con alguna deformidad o impedimento físico que coartara su futuro militar, tendrían el derecho (léase deber) de exponer a los bebés a la intemperie hasta que murieran. Aunque también sea cierto que, a pesar de su constante explotación, fueran los esclavos quienes regularmente se apiadaban y los tomaran a escondidas para criarlos como propios.

La caída de Esparta

Buscando reforzar la confederación con las islas por una vía más diplomática, Atenas se alió con los tebanos, acérrimos enemigos de Esparta. Luego de esta acción, Esparta y Tebas-Atenas, dieron pie a cinco sangrientos años de guerra en donde centenares de hombres murieron con el fin de satisfacer los intereses políticos de sus superiores.

En el 371 a.C. la guerra llega a un punto muerto y ambas partes deciden firmar la paz. Pero, cuando los pleitos parecían llegar a su fin, el rey Agesilao II de Esparta, dejó que su odio por Tebas prevaleciera y exigió que fuera cada una de las ciudades de Beocia y no los tebanos quienes firmaran el acuerdo. Ésto, terminó de enfurecer al rey de Tebas, quien mandó a sus tropas a terminar con Esparta.

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En la aldea de Leuctra, ambas potencias se encontraron. Sin embargo, a pesar del cruel proceso formativo y de la potente población militar, Esparta no pudo resistir la fortaleza de la falange tebana y fue derrotada, poniendo fin a un largo periodo de dominación y crueldad. Tras la caída espartana, los modelos formativos helenísticos  tuvieron un realce y lograron afianzarse como los precedentes clásicos de la educación actual.

Después de ésto, ¿lo creerás si te digo que el castigo de los esclavos era no tener derecho a que sus hijos fueran formados por el ejército?

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Imágenes: ΣταύροςPhotoGraham