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Cristiano Ronaldo afirmó en una entrevista que ser humilde era una forma de mostrar orgullo. Interesante, ¿no? ¿Será la falsa modestia una forma indirecta de presumir? ¿Tus interlocutores lo percibirán así?

Pues la verdad es que un estudio demuestra que tiene razón. Cuando alguien nos halaga, solemos responder quitándonos importancia. Pero si nuestro logro es evidente, nuestros amigos pueden llegar a enfadarse y pensar “¿por qué lo hace? ¿Para que se lo vuelva a repetir? ¿Acaso quiere que le regale los oídos”. Y entonces tu buena intención se vuelve en tu contra.

No utilices la falsa modestia para quejarte

Según los investigadores de este estudio, mucha gente recurre a la humildad y la queja para renegar de algo que les perturba o para alardear de un hecho indirectamente. Cuando esto sucede, en los dos casos se recibe como signo de prepotencia. Veamos un ejemplo, para aclarar de lo que estamos hablando.

Tienes una amiga con un puesto de directiva en su empresa. Un día llega, con la cabeza gacha y te dice “estoy harta de que todos me vean como una líder”. ¿No te genera rechazo? Lo normal es que sí. Lo habitual es que se entienda como un gesto de vanagloria, de autobombo, pero cobarde.

¿Cambiaría algo si tu amiga dijera “estoy harta de mi trabajo, no puedo con tanta responsabilidad”? Muchísimo. Aquí estaría asumiendo que la situación le está superando o que, de verdad, no se ve cualificada para la misma. Sin embargo, en el caso anterior, transmitiría que está cansada de que los demás la valoren de manera positiva. ¿Alguien se cree que una persona pueda estar hastiada del reconocimiento de los demás?

Solución: inteligencia emocional y honestidad

Ten la certeza de que tu amiga cree estar actuando correctamente. Su equivocación puede venir de su incapacidad para manejar los sentimientos propios o para entender los ajenos. No obstante, la inteligencia emocional es fundamental. Esta nos ayuda a saber qué nos sucede y por qué, así como a entender a los demás.

Quizá tu amiga no sea capaz de detectar la raíz de su malestar. Cuando siente, no identifica bien el desencadenante de sus emociones y confunde la consecuencia con las causas. Así, no ve que le abruma tomar tantas decisiones o que el futuro de su equipo de trabajo dependa de ella. Por tanto, lo que comunica es sincero, aunque desacertado.

Puede que no sea así. Simplemente se muere por decir que es imprescindible para su equipo y no sabe cómo hacerlo. No quiere molestarte, pero tiene que contarlo, así que elige la falsa modestia. Aquí falla la empatía. No logra ponerse en tu lugar, su deseo le nubla el juicio.

En este caso, los efectos negativos de la fórmula elegida habrían sido menores de haber optado por la sinceridad, “me encanta ser la referencia de mis empleados”. Este mensaje expresa la ilusión propia de quien vive de lo que le gusta. Por tanto, hablaréis en clave positiva de ello y tú te alegrarás por ella. Sin más.

Por tanto, recomendamos que charles con tu entorno con honestidad, sin miedo a reconocer tus logros, ni vergüenza de disfrutar de tu vida. Todos hacemos lo posible para estar bien, así que si tú lo estás, ¿por qué ocultarlo?

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Imagen: Juan José Richards, Sebastian Januszevski vía Flickr