El desarrollo científico y técnico ha sido tan acelerado en los últimos 100 años, que ha permitido la coexistencia de generaciones cuyo medio de comunicación más avanzado era el telégrafo, con usuarios cotidianos de redes como Whatsapp o Twitter. Pasamos de ser desconectados tecnológicos a estar permanentemente conectados a través de diversas redes de comunicación de las que sólo escapamos cuando dormimos o nos duchamos.

Esta especie de saturación comunicacional ha generado una reacción interesante de la que vamos a hablarte a continuación, la del movimiento de los desconectados.

¿Qué piensas de ser un DESCONECTADO?

¿Sabías que en 2012 el 20% de los habitantes de Francia vivían desconectados?, ¿y que el 3,4% se retiró de redes como Facebook o Twitter voluntariamente? En contraste, tal vez ya hayas leído que lo primero que hacen al levantarse 8 de cada 10 españoles es revisar su móvil para ver cuál es la tendencia en una o más redes a las que se encuentran conectados.

Desde hace algunos años está en crecimiento la tendencia a pasar mayor tiempo desconectados y a favorecer relaciones personales más físicas o sensoriales. Esto no significa que las personas estén rechazando por completo el uso de nuevas tecnologías, especialmente en el sector de las comunicaciones, o que se estén retirando al campo para dedicarse a los cultivos orgánicos y la observación de la naturaleza (lo que en Venezuela, por ejemplo, se llama ser “comeflor”). El perfil de la persona que ha decidido pasar a ser un desconectado es la de un sujeto urbano, que NO rehúye la búsqueda puntual de información en internet y el uso del teléfono móvil, pero sí el uso de redes como Instagram, Twitter o Facebook en pro de contactos más personales y el cultivo de aficiones como la lectura o el excursionismo.

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En torno a este movimiento relativamente espontáneo contra las redes, el escritor y artista Enric Puig Punyet, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya y doctor en Filosofía de la Universidad de Barcelona, ha investigado y publicado un libro, Cómo sobrevivir sin internet y no aislarse del mundo, inspirado en su experiencia personal y en relatos de otros usuarios que decidieron desconectarse de la red, más por razones de salud mental y emocional que por alguna clase de romanticismo.

“Sentía saturación tras horas y horas navegando a la deriva, saltando de una página a otra sin ton ni son, viajando de un hipervínculo a otro, en apariencia haciendo de todo pero en el fondo no haciendo absolutamente nada, porque con mucha frecuencia la información que obtenemos después de un día pegados a la pantalla es dispar, en ocasiones contradictoria y no tardamos en olvidarla”.

Puig Punyet ha impulsado varias iniciativas internacionales en pro de la desconexión de la red y afirma que muchos se han sorprendido al notar que esto los hace conectarse de un modo más intenso con la vida en general, y obtener mejores resultados. Algunos ejemplos tomados del libro del autor catalán:

Philippe, un técnico comercial francés, que después de pasar años metido en Internet buscando empleo y explorando diversas plataformas, optó por regresar al método tradicional de ir personalmente a las empresas y presentar su currículo. En poco tiempo consiguió empleo. O una inglesa, Kaya, que  aburrida de asistir a reuniones y fiestas donde la mayoría de los invitados pasaban el tiempo tomándose selfies, para luego colocarlas en Internet, decidió organizar encuentros y fiestas casi secretas, en las que se prohíbe el uso de móviles y cualquier dispositivo que sirva para acceder a la Red; de más está decir que las invitaciones se hacen oralmente, y que las fiestas son un éxito.

La tendencia a desconectarse cuenta con un número creciente de seguidores, entre los que destacan las 200 escuelas Waldorf de los Estados Unidos, que prohíben a los estudiantes el uso no sólo de nuevas tecnologías, sino que incluso restringen el uso de la televisión, e impulsan el diseño de nuevos teléfonos y dispositivos, sin conexión a Internet.

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Naturalmente, si fueras un desconectado radical no estarías leyendo este artículo, pero no deja de ser una postura interesante, y una invitación a no dejarnos obsesionar por las redes sociales, y dar prioridad a las relaciones interpersonales.

Y entonces, ¿qué piensas de ser un desconectado? Te invitamos a leer Facebook podría desaparecer en 2017.

Imágenes: SUXSIEQ, Tom Jutte, .freeside.