Siguiendo la línea de las costumbres medievales de artículos anteriores sobre la higiene en esta época histórica, ahora queremos hablar sobre las relaciones íntimas que se llevaban a cabo en este mismo lapso en Europa. Y a propósito de esto, queremos resaltar que todos los que hablamos español y compartimos este espacio virtual de la cultura occidental, somos herederos directos e indirectos de la cultura medieval europea.

Las relaciones íntimas en la Edad Media

Entrando en el tema, sin duda ésta fue una época bastante mala para la idea del matrimonio y las relaciones íntimas.

Debemos acotar, sin embargo, que hay más registros escritos sobre las costumbres en cuanto a las relaciones íntimas de las clases aristocráticas y altas que de las clases populares, hasta el siglo XIV con el Decamerón de Bocaccio.

La iglesia y el apareamiento

El poder alcanzado por ella durante la Edad Media le confirió la potestad de controlar hasta los pensamientos de las personas. Es así como se instituyeron algunas reglas a la hora de irse a la cama…

Claro que en aquel tiempo no se hablaba de “sexualidad”, sino de “ayuntamiento carnal, cópula, fornicio”, enmarcado todo dentro de estrictos marcos legales y morales, que se inmiscuían tanto en la esfera pública (en los roles sociales femeninos y masculinos), como en la privada (toda actividad íntima estaba regida por severas normas, y en las sensibilidades íntimas de amor, deseo y obligatoriedad).

Es así como la iglesia dictó sus reglas para la cópula, destinada exclusivamente a la reproducción y a ser practicada sólo dentro del matrimonio:

  1. Ningún otro acto íntimo estaba permitido salvo el necesario para concebir un niño.
  2. Existía un horario para ello: por las noches nada más. Durante el día estaba prohibido.
  3. No se podía hacer el amor los viernes porque fue el día en que Cristo murió; tampoco los domingos, porque era el día de la resurrección; ni los jueves ni los sábados. Ni en cuaresma, ni en adviento, mucho menos el viernes santo o los 40 días previos a la fiesta de Pentecostés.
  4. Y si era un día en que se celebraba un santo, pues tampoco.

Estaba prohibido hacer el amor durante la menstruación, el embarazo, los 40 días después del parto y los días de amamantamiento, pues se creía que constituía una amenaza para la descendencia.

loading...

Así que a las parejas legalmente establecidas les quedaban más o menos 120 días al año para mantener relaciones íntimas. Sin placer, porque estaba prohibido sentirlo, y con la exclusiva finalidad de tener hijos.

Pero, a pesar de todas las reglas, los amantes se encontraban a escondidas siempre, ¿sabes dónde?

loading...

Pues en las mismas iglesias, ya que éstas ofrecían innumerables rincones generalmente vacíos, perfectos para tener sexo a hurtadillas.

Posturas aceptadas

En realidad era una sola, la del misionero, es decir, el hombre arriba y la mujer debajo (tumbada de espaldas). ¿Pero sabes por qué? En primer lugar, porque cualquier otra era considerada antinatural, y por lo tanto un pecado; pero además porque era la “única posición que favorecía la plantación de la semilla masculina”, postura simbólica que recuerda al labrador arando la tierra. Pero también por ser reflejo de la “subordinación natural y jurídica de la mujer al hombre”, instituida en el matrimonio.

loading...

El hombre arriba y la mujer debajo era lo moralmente aceptable… y como se consideraba que cuando la mujer estaba arriba obtenía más placer, pues era sencillamente inadmisible. Porque el placer estaba prohibido. Por supuesto que las relaciones íntimas de tipo anal y oral estaban férreamente vedadas, pues su único fin era el placer y no la procreación. Y nunca, nunca, debían estar desnudos completamente.

Como te resultará obvio, la homosexualidad (que no llevaba ese nombre en la época, sino sodomía), también estaba rotundamente prohibida porque era un acto contra la naturaleza, y además incluía otros muchos “actos inmorales”: el onanismo en solitario y mutuo, la cópula entre los muslos (interfemoral) y la de tipo anal. Santo Tomás de Aquino fue quien declaró el lesbianismo como otro pecado.

Pero, ¿esto era así en realidad?

El adulterio

Hay numerosos testimonios literarios que indican las transgresiones a todas estas reglas, y los amores adúlteros entre las damas y los caballeros. De hecho, en la Edad Media hubo una altísima tasa de relaciones íntimas extraconyugales, y según algunos historiadores, fueron varias las razones: la institución del matrimonio indisoluble, monógamo y al margen del placer sexual; la existencia tolerada de la prostitución, que constituía un escape a quienes no podían casarse; el hecho de que los matrimonios fueran pactados y carecieran de vínculos afectivos; la subordinación completa de la esposa a los deseos carnales del marido y la búsqueda de un heredero cuando no nacía dentro del matrimonio.

amor cortés

Pero también era considerado adúltero quien “tomaba ardientemente a su propia mujer, pues la buscaba por el placer que le procuraba al estilo de una amante”. Esto es particularmente curioso, ¿no?

La prostitución

Contrariamente a lo que podría pensarse, la prostitución prosperó en la Edad Media y no era una actividad clandestina. Antes bien, era considerada un mal necesario y estaba reservada sólo a los burdeles, cuyos dueños debían asegurar el buen estado de salud de sus “empleadas”, así como las comidas y atención médica. También debían cuidar la limpieza y sanidad del establecimiento y no causar ningún escándalo público.

¿Y sabes qué? El burdel más grande de España, y posiblemente de toda Europa, se encontraba en Valencia, siendo sus prostitutas las que cobraban más caro.

Como última nota curiosa, queremos mencionar el hecho de que los médicos aconsejaban no comer carne para reprimir los impulsos carnales, pues se creía que este alimento contribuía de alguna forma a la producción del semen y llevaba, entonces, a la lujuria. Y como cura para los “pensamientos lujuriosos”, se acostumbraba realizar sangrías en los muslos para los hombres, y fumigaciones vaginales para las mujeres.

loading...

Detalle de vitral en la catedral de Chartres, Francia. Escena del casamiento de María y José

Tantas restricciones sólo podían significar el afán por controlar el cuerpo, y en la gran mayoría de los casos no se lograba. Por eso había que amenazar con el fuego eterno a quien transgrediera las normas y castigarle severamente, incluso con la muerte.

¿Qué te ha parecido el artículo? Puedes leer también nuestro post sobre los cinturones de castidad, que increíblemente no existieron.

Imágenes: Bibliothèque des Champs Libres, Lawrence OP, Kotomi_, Ben Salter, Michael Baun, Walwyn