Ya hablamos en otro artículo sobre algunas reinas brutales que hicieron historia. Hoy queremos que conozcas a estas princesas guerreras que con su intervención cambiaron su destino y el de sus pueblos.

4 princesas guerreras reales que debes conocer

1. Rani Lakshmi Bai

Nació en la India en 1835. Su verdadero nombre era Manikarnika, se casó a los 12 años con el maharajá de Jhansi, el rajá Rao Gangadhar Niwalkar, y cambió su nombre a Rani (que significa reina) Lakshmi Bai.

Tuvieron un hijo, pero éste murió a los 4 meses, y luego fue el rajá quien cayó enfermo. Como no podían tener hijos decidieron adoptar uno, hijo de un primo del rajá.

En aquella época la India luchaba contra la presencia de Gran Bretaña, que la había colonizado, y existía la llamada Doctrina de Caducidad, según la cual si el gobernante de algún territorio moría sin dejar herederos directos, este territorio pasaba a manos de la Compañía Británica de las Indias Orientales. De modo que la adopción del niño fue también para evitar la aplicación de la Doctrina.

Rani quedó viuda a los 18 años y, lógicamente, comenzó a mandar como reina, algo que no gustó a los británicos, que no la aceptaron a ella ni a Rao Damodar, su hijo adoptivo, como herederos legales, así que aplicaron su Doctrina y se anexaron Jhansi.

Ante la imposibilidad de la vía legal, Lakshmi Bai reclutó a un ejército de 14.000 voluntarios, hombres y mujeres, para enfrentarse a Gran Bretaña; soportaron varias semanas, pero la aplastante superioridad militar de los británicos los derrotó. Y aquí comenzó la leyenda de Rani Lakshmi Bai: cuentan que al verse acorralada, ató a su hijo a la espalda y con sendas espadas en las manos salió al galope junto a un grupo de rebeldes, hacia la fortaleza de Kalpi.

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Esta lucha coincidió con la “rebelión de los cipayos”: la Compañía Británica estaba compuesta en 1857 por un ejército de 40.000 soldados británicos y 200.000 cipayos (soldados hindúes y musulmanes). En aquel momento habían introducido un nuevo fusil, el Lee-Enfield, en el que para meter los cartuchos había que romperlos por un extremo, lo que se hacía comúnmente mordiéndolos.

Se extendió el rumor de que aquellos cartuchos estaban engrasados con grasa de cerdo y de vaca… Siendo que los cipayos eran hindúes, que consideran a la vaca un animal sagrado, y musulmanes, para quienes el cerdo es impuro, se negaron a utilizar dicho fusil, por lo que fueron encerrados. Pero eso significó que los regimientos de caballería 10º y 20º de Bengala se sublevaran contra los oficiales, liberaran a los cipayos y atacaran los principales enclaves europeos. Lakshmi Bai se unió a Tatya Tope, uno de los líderes, y se enfrentaron a los británicos.

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A pesar de que murió en la batalla de un disparo en la espalda, con apenas 22 años, esta reina fue considerada una de las más valientes luchadoras indias.

2. La princesa Quiomara

Quiomara fue una hermosísima noble gálata, que vivió en el siglo II a.C., y fue esposa de Ortiagón, el jefe de una de las principales tribus de Galacia. Durante la guerra de Galacia contra Roma, en el 189 a.C., Cneo Manlio Vulsón derrotó a los gálatas y tomó prisioneros a varios de sus habitantes, entre los que estaba Quiomara.

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El centurión a cargo del grupo de cautivos la “invitó” a tener sexo, invitación que ella rechazó; naturalmente, la violó, pero como la violación solía ser algo muy vergonzoso, el centurión ofreció conseguirle su libertad y de los suyos a cambio de un rescate. Para ello mandaron a un esclavo de Quiomara que también estaba preso con un mensaje a Ortiagón, para pedir oro y rescatara a los cautivos.

Una vez en el lugar del intercambio, y mientras el centurión contaba las monedas del rescate, Quiomara indicó a sus compatriotas (según Plutarco, con un ademán de cabeza, y según Tito Livio, en su propio idioma) que lo decapitaran.

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No contenta con esto, envolvió la cabeza romana entre su ropaje y al llegar a su casa, la arrojó a los pies de Ortiagón diciendo: “sólo un hombre que ha yacido conmigo debe estar vivo”.

3. La princesa Zhao Pingyang

Era hija de Li Yuan, el emperador que fundó la dinastía Tang, y gobernador en China durante el siglo VII, bajo la dinastía Sui. Los gobernantes de esta dinastía mantenían una dura represión contra los habitantes del reino, por lo que Li Yuan decidió comenzar una revuelta.

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Pingyang vendió las propiedades de la familia, y con el dinero reunió un ejército para apoyar la rebelión de su padre. Miles de hombres se le unieron, y llegó a comandar tropas de hasta 70.000 soldados y cuyas victorias se debieron a ella, una de las más grandes princesas guerreras.

El emperador mandó un ejército para matarla, pero ella y sus hombres no sólo lo derrotaron sino que lo hicieron huir.

4 princesas guerreras reales que debes conocer

Imagina todas estas victorias en una mujer que no contaba más de 20 años. Su padre, al vencer y recién fundar la dinastía Tang –convertido ya en emperador–, le hizo un reconocimiento por todo lo alto, con un desfile militar digno del más alto rango y le otorgó el título honorífico zhao, y por último, el de princesa.

4. Arquidamia

Nos vamos ahora a Esparta, al siglo III a.C., donde Cleónimo, desplazado del trono por “su carácter violento y tiránico”, se alía a Pirro para que éste invada Esparta y le devuelva el trono. Pero no podemos pasar por alto el hecho de que, siendo mayor, tomó como segunda esposa a Quelidonis, una joven de la familia de los euripóntidas, y de que ésta se hizo amante de un sobrino-nieto de su esposo, Acrótato (aunque dicen que fue seducida por él)… Todo recuerda a la otra famosa guerra desatada por una mujer, Troya.

El caso es que Pirro accede en el año 272, pero sus intenciones eran quedarse con Esparta. Frente al hecho de la guerra inminente, el senado espartano se reunió a debatir la suerte de la ciudad, y decidieron que lo mejor era que las mujeres y los niños salieran de noche, a escondidas, rumbo a Creta para salvar sus vidas.

Y aquí entra nuestra heroína, Arquidamia, quien irrumpe en el Senado con una espada y se enfrenta a los hombres exclamando: “¡Nos deshonráis creyéndonos tan cobardes! ¡Todos moriréis a menos que nosotras también luchemos!”.

El Senado admitió la petición y Arquidamia y todas las mujeres trabajaron toda la noche haciendo una zanja alrededor de la ciudad para que los caballos y los elefantes de Pirro no pudiesen pasar. Pirro fue derrotado luego de varios días de intensa lucha, y esta victoria espartana se debió en gran parte a la firme decisión de sus mujeres de pelear o morir junto a sus hombres.

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“Asedio de Esparta”, por Francois Topino-Lebrun

Estas princesas guerreras fueron tan valientes como los hombres, y sus decisiones forjaron en muchos casos un destino distinto para sus pueblos. Te invitamos a leer sobre otras princesas guerreras, como Cinisca de Esparta o Tomoe Gozen.

Imágenes: Public.Resource.Org, The San Diego Museum of Art Collection, CC BY-SA 3.0, BecksMariana Francisquini, Commons Wikimedia