Como ya te hemos contado, el cáncer existe entre nosotros desde la Antigüedad, por lo que es razonable pensar que desde hace mucho tiempo se han elaborado remedios y tratamientos para combatirlo y curarlo.

Lo interesante de la historia que te contaremos hoy es que el principal tratamiento para esta enfermedad se descubrió por casualidad, lo que constituiría una serendipia, hace menos de 80 años, y desde entonces se utiliza.

¿Cómo se descubrió la quimioterapia?

La quimioterapia, literalmente, es la terapia basada en sustancias químicas para tratar cualquier enfermedad, aunque actualmente se refiere al tratamiento del cáncer.

La historia se remonta a la Primera Guerra Mundial. En la Gran Guerra, los alemanes utilizaron armas químicas profusamente (aunque ya desde tiempos remotos se han estado usando, tal y como te comentamos en el artículo 6 extrañas armas de la Antigüedad). Entre estas armas, la más conocida y letal es el gas mostaza, cuyo primer empleo fue en 1917 en la batalla de Ypres, aunque otros autores indican 1915.

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No es exactamente gas, sino un líquido que se usaba con explosivos; éstos lo vaporizaban y lo dispersaban por el aire. Lo que hace es realmente aterrador: tan sólo su contacto produce ampollas y heridas en la piel, entre 4 y 24 horas después de la exposición; y si lo respiras, las mucosas de la tráquea, los bronquios y los pulmones se dañan gravemente, provocan ampollas internas sangrantes que te llenan los pulmones de sangre, y luego la muerte. Imagínate lo terrible que fue, que durante la Segunda Guerra Mundial los ejércitos no lo usaron nunca intencionadamente –aunque, por supuesto, lo tenían a la mano por si el enemigo decidía utilizarlo–. Por eso se colocaban las máscaras anti gas.

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 ¿Y qué tiene que ver el gas mostaza con la quimioterapia? Pues que el gobierno de Estados Unidos comenzó a investigar cómo deshacerse de ésta y otras sustancias parecidas y para ello contrató a algunos investigadores de la Universidad de Yale, que se dedicaron a estudiar los efectos de estos gases letales en la búsqueda de posibles antídotos.

En sus investigaciones y experimentos, Louis Goodman y Alfred Gilman dieron con una variante nitrogenada del gas mostaza, el HN2, y descubrieron asombrados que mataba inmediatamente los glóbulos blancos de la sangre, las células que más rápido se reproducen. Eso les dio la idea de que quizá serviría para otro tipo de células que también se reproducen muy rápido: las cancerígenas.

Las primeras pruebas se hicieron en ratones, y luego en humanos, comprobando que el HN2 interfería seriamente en el crecimiento de los tumores.

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Así nació la quimioterapia, que hasta hoy se sigue utilizando en los tratamientos convencionales contra el cáncer. No siempre lo cura, pero sí es efectiva para retardar el crecimiento, sobre todo en las primeras fases de la enfermedad.

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Imágenes: Robert Blenkarn, Dave Campbell, Chris Devers, Nicki Dugan Pogue