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Algunas pocas culturas les han proporcionado un trato más justo a las mujeres, se las ha educado igual que a los hombres, les permitieron divorciarse y mantener sus bienes, o incluso elegir marido.

En Sumer, por ejemplo, nuevos estudios sugieren que existía una sociedad en la que las mujeres tenían mucha libertad y autonomía; incluso nuevos análisis literarios indican que casi toda la poesía hecha en Mesopotamia fue escrita por mujeres, y de hecho posibilitó que surgiera una figura como Enheduanna, la primera autora conocida.

Pero en la antigua cultura griega, así como en la mayoría de culturas (sin hablar, naturalmente, de la judía, islámica o cristiana, donde la mujer era un objeto), especialmente en Atenas, estaban bastante atrasados en cuanto a derechos femeninos se refiere. Las mujeres siempre estuvieron en segundo plano.

Es cierto que se les daba cierta instrucción, pero a partir de la adolescencia las mujeres iban a los gineceos, es decir, las grandes salas que ocupaban las segundas plantas de las casas para uso exclusivo femenino, llevando unas vidas apartadas, lejos por lo tanto del ámbito público. No eran consideradas ciudadanas, pues este derecho sólo concernía a los hombres libres.

En Esparta era otra historia.

Esparta y sus mujeres educadas

Las mujeres aquí disfrutaban de más libertad, más autonomía, y podían ocuparse en actividades comerciales o literarias, si así gustaban.

Recibían desde niñas una instrucción muy parecida a los varones, se entrenaban en gimnasia, música y deportes; recibían una excelente alimentación para lograr una buena salud y en general, se las preparaba para ser madres de los espartanos, que para la sociedad era un gran privilegio.

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Mujeres espartanas

Claro que seguimos hablando de una sociedad patriarcal, machista, autoritaria y profundamente militarista; pero en ella, sin embargo, las mujeres podían acceder a mayores libertades, cosa que era impensable en otras ciudades de la Hélade.

La educación era obligatoria para hombres y mujeres y organizada por el Estado, y su fin primero era la reproducción de soldados saludables, vigorosos y fuertes. Se buscaba que las mujeres tuvieran hijos para el estado y aumentar así la población. Para la guerra, claro.

Eran, pues, mujeres poderosas, preparadas físicamente para los deportes y formadas en poesía y música, sabían tocar instrumentos y leer y escribir.

Y entonces nació Cinisca

Ella nació más o menos en el año 440 a.C., hija del rey Arquídamo II y hermana de Agesilao, que también fue rey a la muerte del padre, en esta ciudad donde se valoraba la función de la mujer para parir ciudadanos sanos.

Fue criada como una atleta, según la costumbre espartana, sabía leer y escribir y tenía nociones matemáticas para poder administrar sus propiedades. No se sabe nada más de ella hasta que se convirtió en la primera mujer del mundo antiguo en participar y ganar en las Olimpíadas

Los juegos olímpicos en el mundo antiguo

Las mujeres, por lo general, no podían acudir o participar en tales competiciones; como sabes, estos juegos eran dedicados sólo a los hombres, y sobre todo a los aristócratas. Pero la prohibición era física, es decir, no podían estar presentes. Por lo tanto, en aquellas competencias donde no tenían que hacer acto de presencia (como las carreras de carros, las cuadrigas), una mujer podía enviar su propio equipo a competir. Aunque podían, ninguna hasta Cinisca lo hizo.

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¿Y por qué fue ella, precisamente? Bueno, es una pregunta difícil de responder. En primer lugar, su forma de ser, era una mujer decidida y voluntariosa. Segundo, los espartanos habían sido expulsados de las Olimpíadas desde el año 420 a.C., según Tucídides, pues rompieron la tregua de paz olímpica en la conquista de la ciudad de Lepreo, hasta el año 396.

Esta exclusión fue protestada por Esparta, aduciendo que la conquista de Lepreo fue anterior a la proclamación de la tregua, pero no fue aceptada por los jueces olímpicos.

Según Plutarco, otro historiador que escribió sobre Cinisca y los espartanos, fue Agesilao quien promovió la participación de Cinisca en las 85º Olimpíadas del 396 para demostrar, muy resentido, que tales victorias no significaban nada, y que hasta una mujer podía ganar… sobre todo en las cuadrigas, que ganaba quien enviaba el carro y no el que lo manejaba, el auriga

Para esta época, Cinisca tenía ya más de 40 años, una mujer madura que aparentemente no se casó nunca (dicen que era lesbiana), y que con toda probabilidad había intentado anteriormente participar en los juegos olímpicos.

El hecho es que decidió participar y envió su carro de caballos a la itethrippon, la carrera de cuadrigas. Y ganó, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo. Pero no sólo eso, se volvió a presentar en el 392 y ganó otra vez, siendo entonces la primera bicampeona del mundo antiguo.

El propósito de Agesilao –desprestigiar estas competiciones– no cristalizó, y más bien animó a otras mujeres a seguir el ejemplo de Cinisca, como Teodota y Timareta, otras espartanas. Y la familia real de Egipto, los ptolomeos, tendría varias campeonas en su descendencia, como Berenice I, Arsínoe, su hija, y su nieta Berenice Sira.

Fue tan importante la corona que ganó Cinisca que construyeron un templete en su honor, y en el templo de Zeus, en Olimpia, le erigieron una estatua de bronce a ella y a su cuadriga, con la siguiente inscripción:

“Reyes de Esparta son mi padre y hermano, Cinisca, victoriosa con un carro de rápidos caballos ha erigido esta estatua. Me declaro la única mujer de Grecia que ha ganado esta corona”.

¿Qué te ha parecido esta historia? Si quieres saber de más mujeres interesantes, lee también nuestro artículo sobre estas mujeres de la Antigüedad, con mucho que decir.

Imágenes: Peter Roan, Wikipedia