“La crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza”, “Respetemos eternamente el vicio y no combatamos más que la virtud”. Estas frases ya nos dejan intuir levemente el espíritu de Donatien Alphonse François de Sade, más conocido como Marqués de Sade. Ese filósofo y escritor francés capaz de dejarnos todo un legado al libertinaje, en el que la moral pierde sus límites para caer, exclusivamente, en el placer personal como única verdad.

Sade es, sin duda, uno de esos personajes llenos de claroscuros al que bien merece hacer un hueco en nuestro espacio. Así que, abramos las cortinas de su legado filosófico para conocer un poco más sobre él.

Sade, el “Divino Marqués”

Donatien Alphonse-François nace en 1740. Es un noble de sangre borbónica, perteneciente además a la dinastía de los Sade, una de las más antiguas de Provenza. Su infancia es distinguida y afortunada y recibe educación junto al príncipe Luis José de Borbón-Condé. Más tarde, queda a cargo de su tío, abad de Saint-Léger d’Ebreuil, comentarista de la obra de Petrarca y, además, según escritos de la época, todo un libertino. Entre él y otro distinguido abad, llamado Jacques Francois Amblet, completan su educación e influencian su vida cultural y personal desde esa edad tan temprana, donde nuestra mente queda moldeada por esas primeras experiencias.

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Aprendió toda clase de materias, arte e idiomas, hasta que, llegados los 14 ingresó en una academia militar, donde, poco a poco, fue ascendiendo hasta ser teniente en el Regimiento Real de Infantería. Todo un logro para su familia. Es en ese tiempo cuando contrae matrimonio con una joven de buena posición, Renèe-Pélagie Cordier de Launay de Montreuil. Momento en el cuál, se inician también todos sus escándalos y su vida licenciosa. El auténtico Marqués de Sade acababa de dejar caer su máscara

Su vida empezó entonces a experimentar lo que, a partir de entonces, iba a ser algo habitual: el confinamiento. Se le apartaba en cárceles y castillos a las afueras de París durante varias temporadas por orden del rey. Era todo un escándalo público y las altas esferas de la corte se avergonzaban de él públicamente, aunque secretamente no había nadie que pudiera resistir el conocer sus descarados actos y libertinajes. La vida licenciosa de Sade se reflejó en numerosos testimonios escritos. En especial en los diarios del inspector Marais. Marais trabajaba para la policía parisina y tenía como responsabilidad el seguir las actividades licenciosas de los miembros de la Corte. Elaboraba informes y se los entregaba a Luis XV y Madame de Pompadour, quienes, seguramente, esperaban con curiosidad cada una de aquellas entregas sobre Sade.

La obra de un gran libertino

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Sade escribe la mayoría de su legado literario y filosófico a lo largo de cada uno de sus encierros. Tanto el Absolutismo como la Revolución y el Imperio, lo confinaron a lo largo de varias décadas en cárceles y sanatorios de los que iba entrando y saliendo. La primera vez fue con 23 años, cuando obligó a una prostituta a cometer un sin fin de actos considerados como “sacrilegios”. Más tarde inicia relaciones con varias mujeres de la corte, también con otros hombres, hasta que poco a poco adquiere la fama de depravado y delincuente sexual.

En 1777, por ejemplo, fue encerrado en el castillo de Vincennes durante once años. A los 38, inició una relación con su ama de llaves, Marie Dorothée de Rousset, una mujer brillante e ingeniosa que llegó a marcar su vida. Durante todos estos periodos de reclusión, se dedicó a trasmitir con su ágil pluma y su afilado intelecto, su propia filosofía. Escribió varias obras didácticas, relatos y libros eróticos como “Justine”. Y en todas sus páginas, trasmitía su visión atea y materialista, valorando por encima de todo la libertad personal, lejos de las barreras de la moral o la religión.

La única preocupación del ser humano debía ser la búsqueda del placer, siendo el vicio la mayor virtud. El Marqués de Sade, es, por así decirlo, el reverso del propio Rousseau. Mientras uno defiende la bondad natural del hombre, Sade ensalza simplemente la ley del más fuerte. Muchos vieron en su obra una perspectiva desde la cual apoyar el anarquismo para castigar los privilegios de la Monarquía.

 El fin del libertino y el libertinaje

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Con 50 años, Sade conoce a la que sería su compañera hasta el último día. Una actriz llamada Marie Constance Reinelle, a la que él prefiere llamar sencillamente “Sensible”. Es ella quién le acompaña el día de su muerte, cuando recién cumplidos los 74, la enfermedad y una vida de altibajos, se lo lleva, estando aún confinado en un sanatorio mental. Un castigo que fue el último de muchos, como cuando el propio Robespierre lo condenó a la guillotina, perdonándolo tiempo después. Más tarde, en vista de que su comportamiento no cambiaba, Napoleón mandó que pasara su vida en el nuevo el manicomio de Charenton. Allí donde inicia una nueva relación con una joven criada de 17 años llamada Madeleine Leclerc.

Muchas de sus obras fueron destruidas. Otras, se encontraron en el manicomio de Chanteron, un auténtico legado filosófico y cuatro novelas eróticas que para muchos, además de ser el reflejo del mayor de los libertinos, fue también el grito de guerra de un auténtico libertario.

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Imagen: Luis AlveartMusgo Dumio_Momio