Sabemos que a lo largo de la historia ha habido pueblos que practicaron el canibalismo ritual, es decir, comerse a propios y extraños (los guerreros más valientes del bando contrario) para obtener así las cualidades físicas y espirituales de estos muertos.

Esta práctica en Papúa, Nueva Guinea, ha sido especialmente terrible… ¿quieres saber por qué?

Kuru: la enfermedad de los caníbales

En el distrito de Okapa, en las Tierras Altas Orientales, sobrevive hasta hoy un grupo humano conocido con el nombre de Fore, que subsiste gracias a la tala y quema de conucos (parcelas donde siembran sus alimentos), y a la cacería de pequeños animales de las selvas papuanas.

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Para el 2012 se calculaba una población aproximada de 20.000 habitantes, separados en dos asentamientos al norte y al sur de la Cordillera de Wanevinti.

Lo que los dio a conocer, por desgracia, fue un hecho que los hizo únicos en el mundo: una enfermedad neurológica degenerativa que constituyó una epidemia.

Poco se sabía de los Fore, más allá de algunas esporádicas y pequeñas referencias de colonizadores británicos, holandeses y alemanes, y no fue sino hasta 1953 que algunos investigadores llegaron a la zona. Un explorador australiano, W.T. Brown, escribió en un informe de actividades entre enero y febrero de 1954, a propósito de esa extraña enfermedad que causaba innumerables muertes entre los Fore del norte:

“La primera señal de una muerte inminente es que el enfermo muestra flojera muscular que termina en debilidad general y graves problemas para ponerse en pie… sufre terribles temblores, deja de comer, y más tarde pasa el día acostado y luego no se levanta… finalmente, muere”.

Era la primera descripción del kuru, una rarísima enfermedad que en un primer momento se pensó que era genética y hereditaria, pues sólo existía en este grupo. Kuru, en la lengua de los Fore, significa “temblor con fiebre y frío”. Ante el temor de una posible epidemia, las autoridades australianas decidieron investigar a fondo esta misteriosa enfermedad, y se abrió el hospital de Awande para albergar a los enfermos y estudiarla de cerca.

Kuru enfermos

El doctor norteamericano Daniel Gajdusek y el australiano Michael Alpers estuvieron a cargo del hospital y de la investigación. Gajdusek estudió una muestra de tejido cerebral de una niña de 11 años que acababa de morir infectada de kuru, y lo inoculó a dos chimpancés; 2 años después, uno de los animales desarrolló el kuru, lo que demostró que la enfermedad se transmitía por biomaterial infectado.

Al comienzo pensaron que se trataba de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, una encefalopatía espongiforme (vuelve el cerebro como una esponja) transmisible, parecida al mal de las vacas locas, aunque tras los análisis se dieron cuenta de que estaban frente a otra cosa.

Este descubrimiento significó el premio Nobel de Medicina para Gajdusek y para Baruch Blumberg, un antropólogo que acompañó la investigación. Pero aún no sabían cómo se propagaba. Y aquí entró la antropología.

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Los Fore tenían la costumbre de comerse a sus muertos, en ritos funerarios. Lo hacían para que la fuerza vital no se fuese de la aldea. Los hombres comían sobre todo las manos y los pies, y dejaban el resto del cuerpo para que las mujeres y los niños se alimentaran.

Los científicos descubrieron que en el cerebro de los muertos se concentraba la mayoría de los priones (un agente infeccioso formado sólo por aminoácidos, sin ácido nucleico), que transmitían la enfermedad. Esto explicaba por qué el kuru afectaba mayormente a mujeres y niños, pues el cerebro era una de las partes que más comían.

La enfermedad tiene tres etapas:

  • la fase ambulatoria: se presenta un temblor generalizado, descoordinación de los movimientos, afectación cerebral incipiente y disartria (alteración en la articulación de las palabras);
  • la fase sedentaria: aumento de los temblores, ataxia, incapacidad severa de la movilidad, síntomas psiquiátricos como depresión y bradipsiquia (lentitud mental o de pensamiento);
  • la fase terminal: ataxia severa, temblores, disartria, incontinencia urinaria y fecal, dificultad para tragar (lo que hace que el enfermo no coma) y muerte entre convulsiones.

Su desarrollo es lento y el período de incubación puede llegar a los 30 años; una vez que los síntomas se manifiestan, los enfermos mueren en un lapso máximo de un año.

Los Fore dejaron de practicar el canibalismo ritual a mediados de los años 70, y la última víctima registrada de kuru murió en 2005. Se calcula que alrededor del 10% de este pueblo murió a causa de esta enfermedad, afortunadamente erradicada ya por completo.

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Imágenes: Wikipedia